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  • Codicia

    (Mateo 21, 33-43) Nada hay tan creativo como el afán humano de superación. Las personas tenemos un impulso innato por superarnos y crecer, por llegar a cotas más altas y elevadas. Ser persona es trascender, ir más allá. Ese impulso es admirablemente creativo y revolucionario. Es capaz de inventar medicinas nuevas, de convertir el desierto en una huerta, de crear fuentes de riqueza y trabajo, de hacer surgir la belleza de la madera o el barro. Pero, como todo lo humano, ambiguo y necesitado de ser guiado y encauzado.

    En nuestros tiempos, ese afán de superación se ha convertido, demasiadas veces, en codicia, en afán por tener más y más. La codicia, omnipresente como la polución, lo está contaminando todo.

    Nace del afán de superación humana y es capaz de inventarlo todo, de replantearlo todo. Pero, ha convertido al Dinero en su dios, y acaba pervirtiéndolo y corrompiéndolo todo. Es capaz de dejar morir a personas por seguir rentabilizando una medicina; de especular hasta con la producción de alimentos –con el hambre de los pobres–; es capaz de destruir puestos de trabajo y condenar a familias enteras, por  unos puntos en el balance empresarial; es capaz de provocar asesinatos y guerras. La codicia es la fuerza más destructiva de la historia.

    En su enfrentamiento con las autoridades de Jerusalén, Jesús desvela cuál es el pecado que les llevará a asesinarlo: la codicia. Querrán quedarse con lo que no es suyo, y no dudarán en asesinar al Hijo de Dios. La codicia, que está matando a los hijos de Dios, crucificó a su Hijo Único, Jesucristo.

  • Una sociedad enferma

    Desde la Asociación ANTARIS queremos mostrar nuestra más firme repulsa al homicidio cometido contra un conciudadano de nuestra localidad. En todas las noticias aparecidas hasta este momento lo primero que se ha destacada es su condición de toxicómano, como si esto fuera lo único importante, como si esa adicción anulara la existencia de una persona y su capacidad de sentir, reír o amar, una persona que como otros muchos millones en el mundo son víctimas de las drogas.

    Queremos condenar este homicidio y al mismo tiempo condenar a esa sociedad que ante el drama de las drogas que mueve billones de euros e intereses ilícitos, no hace más que prohibir y condenar a sus víctimas, víctimas a las que se excluye y señala como culpables de su situación.

    Una sociedad que expulsa a quienes no han tenido ni siquiera oportunidad de elegir, capaz de producir basura tan putrefacta como esos seres a los que le divierte ver a través de una pantalla a un ser humano ardiendo por 10 €, seres capaces de gravarlo mientras ríen.

    Una sociedad que se pregunta porque saldrá en la tele tanta miseria, mientras comemos y que prefiere pensar en el fútbol o en personajes que viven de vender sus “apasionantes” vidas.

    ANTARIS lleva veintiocho años luchando contra las adicciones, la exclusión y la injusticia social y sucesos como este nos llenan de dolor pero al mismo tiempo nos hace sentir que esa lucha no deja de tener sentido.

    Por último pedirle perdón a Miguel en nombre de esta sociedad enferma.