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  • A medio hacer

    Película Monuments Men

    MONUMENTS MEN

    En las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de historiadores y expertos en arte se embarcan en la misión de recuperar las miles de obras de arte robadas por los nazis durante la contienda para devolvérselas a sus legítimos dueños. La misión era harto difícil, ya que ellos tenían poca preparación militar, las obras estaban fuertemente custodiadas, y el ejército alemán tenía la orden de destruirlas en cuanto el Reich cayera. Pero ellos arriesgaron sus vidas para salvar parte de nuestra historia, de nuestro legado cultural.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2014 (118′)
    Título original: The Monuments men.
    Dirección: George Clooney.
    Producción: George Clooney, Grant Heslov.
    Guión:  George Clooney, Grant Heslov, basado en el libro de Robert M. Edsel y Bret Witter.  
    Fotografía: Phedon Papamichael.
    Música:  Alexadre Desplat.
    Montaje: Stephen Mirrione.
    Intérpretes: George Clooney (Frank Stokes), Matt Damon (James Granger), Bill Murray (Richard Campbell), Cate Blanchett (Claire Simone), John Goodman (Walter Garfield), Jean Dujardin (Jean Claude Clermont), Hugh Bonneville (Donald Jeffries), Bob Balaban (Preston Savitz), Dimitri Leonidas (Sam Epstein), Justus von Dohnányi (Viktor Stahl), Holger Handtke (Coronel Wegner). {/xtypo_code}

    Contada así, la película parece interesante, y de hecho, la trama (basada en hechos reales) es ciertamente potente. Pero el resultado no es el deseado ni el esperado. El George Clooney director aparece aquí totalmente desconocido. Alejado, y mucho, de su versión más comprometida (Buenas noches y buena suerte, Los idus de marzo), el actor-director-productos dirige aquí con el piloto automático, del mismo modo casi descuidado que en sus obras menos interesantes (Ella es el partido, por ejemplo), creando una película monótona, aburrida, desaprovechando un reparto de grandes figuras que se pasean y recitan un guión imposible.

    El problema de todo estriba en su guión, un libreto sin sustancia, sin poder de emoción, sin alma. Los malos son de chiste, y los buenos no tienen ni una mancha en su personalidad. Planos y sin aristas todos ellos. Las escenas están mal enlazadas, y parecen que simplemente están puestas unas detrás de otras de cualquier modo. Hay romance tonto y simple; guerra casi sin tiros; acción básica y que no engancha. El problema es que, a pesar de que el mensaje es potente (eso de que la cultura hace al hombre, y de que una nación, una civilización, sin cultura está abocada al fracaso), parece que Clooney no se lo cree. El problema es que da la sensación de que Clooney se ha dado prisa por acabar la película y lo ha hecho de cualquier modo, dándole la apariencia de que está a medio hacer.

     

  • Clooney va tirando

    1101Los descendientes

    A pesar de que es uno de los intérpretes que más éxito obtienen en taquilla, a pesar de que no sólo hace filmes tópicos y rentables sino que también se embarca en proyectos menos ambiciosos y más serios, y a pesar de que es también un director comprometido, que dirige cintas de hondo calado, a pesar de todo ello digo, todavía hay muchos que no soportan a George Clooney, que creen que está sobrevalorado, y que simplemente es una cara, que no tiene nada que aportar como actor o como director.

    {xtypo_code}Título original: The descendants.
    Director: Alexander Payne.
    Producción: Jim Burke, Alexander Payne, Jim Taylor.
    Guión: Alexander Payne, Nat Faxon, Jim Rash, basado en la novela de Kaui Hart Hemming.
    Fotografía: Phedon Papamichael.
    Música: Dondi Bastone.
    Montaje: Kevin Tent.
    Intérpretes: George Clooney (Matt King), Shailene Woodley (Alexandra), Beau Bridges (Primo Hugh), Robert Forster (Scott), Judy Greer (Julie Speer), Matthew Lillard (Brian Speer), Nick Krause (Sid), Amara Miller (Scottie), Mary Birdsong (Kai Mitchell), Rob Huebel (Mark Mitchell), Patricia Hastie (Elizabeth King).{/xtypo_code}

    O mejor dicho, había. Porque casi todos los que así pensaban han tenido que claudicar, y terminar reconociendo que el papel del intérprete en esta fantástica historia que nos ha regalado el también gran director (y también infravalorado) Alexander Payne.

    Y es que esta cinta está consiguiendo una casi total unanimidad, y ya lleva casi cuarenta premios, incluyendo dos Globos de Oro, al mejor actor y a la mejor película dramática. Y lo que es mejor es que son merecidos.

    Payne mezcla drama con comedia sin que nos suene a algo extraño, consiguiendo que todo sea verosímil, que nos lo creamos. La historia se sitúa en un Hawaii alejado de la imagen de paraíso idílico al que estamos acostumbrados, con una luz melancólica y las piscinas llenas de las hojas muertas del otoño. Y esa melancolía se traslada a los protagonistas, que están sencillamente increíbles.

    Matt King es un padre de familia que se ve obligado a cambiar su vida y ocuparse de sus dos hijas, Scottie y Alexandra, con las que hasta entonces no tenía demasiado trato, tras un grave accidente de su mujer que la deja en coma. Todo ello a la vez que se enfrenta a la complicada decisión de vender unos terrenos pertenecientes a su familia y que son el último vestigio de lo que de naturaleza virgen queda en las islas. Mientras intenta encauzar su relación con la rebelde Alexandra, esta le suelta una noticia bomba que hará que Matt empiece a ver con ojos nuevos su vida.

    El personaje que interpreta George Clooney, que aunque ha tenido buenos trabajos nunca ha estado mejor que en este, sigue en la senda de los que hasta la fecha han protagonizado las películas de Alexander Payne. Tiene mucho del Paul Giamatti de Entre copas, y del Matthew Broderick de la gran Election. Es un hombre desconcertado que busca su lugar en un mundo enloquecido, con sus altibajos, sus alegrías y sus desgracias.

    Clooney está soberbio, creíble. Pero no es el único, el verdadero descubrimiento de la cinta es la joven Shailene Woodley, una actriz que ya ha conseguido una nominación a los Globos de Oro, tendrá una a los Oscar, y dará que hablar en los próximos años.

    Es una comedia madura, un estudio del carácter cordial de la gente común, una disección del hombre varado (que viene de atrás, de películas anteriores, ya  mencionadas). Ha merecido la espera de siete años para ver lo último de este gran director, este regalo que nos ha hecho Payne, una película sobre la pérdida, la confusión y el ir tirando.