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  • La clandestinidad centrará la segunda mesa redonda del homenaje a Benítez Rufo

    Será esta tarde, a las 19:30 horas, en la sede de IU-PCA, con la participación de Francisco Durán, Eduardo Saborido y Antonio Iglesias

    Prosiguen los actos del homenaje al ex alcalde Manuel Benítez Rufo por el décimo aniversario de su fallecimiento. Hoy jueves, día 2, a las 19:30 horas, en la sede de Izquierda Unida-PCE de Dos Hermanas, tendrá lugar la segunda mesa redonda que versará sobre la clandestinidad. El acto está abierto a todos los ciudadanos y ciudadanas estén interesados en conocer la historia más reciente de la ciudad.

    La larga etapa de la dictadura franquista, obligó a muchos ciudadanos organizados en partidos políticos y sindicatos, a llevar a cabo sus actividades desde la mas estricta clandestinidad, por razones obvias de seguridad. No obstante, fueron muchas las ocasiones en las que fueron encarcelados, represaliados, torturados y deportados. Para hablarnos de esa etapa, el Foro Republicano Manuel Benítez Rufo contará con la presencia de tres dirigentes políticos y sindicales de esos años de represión y clandestinidad: Francisco Durán, Eduardo Saborido y Antonio Iglesias.

  • Clandestinidad

    (Juan 12, 2-33) En la última etapa de su vida histórica, Jesús, vivió en la clandestinidad. No nos tiene qué sorprender; él sabía que lo buscaban para asesinarlo; y era él quien iba a decidir el momento y la circunstancia. Por eso tuvieron que acudir a un traidor que desvelara dónde se escondía durante la noche.

    En el evangelio de esta semana, unos griegos buscan a Jesús y acuden a Felipe, que no sabe qué hacer, si era seguro presentárselo o no, y consulta con Andrés, que tampoco lo sabe y lo consulta primero con el propio Jesús.

     

    Jesucristo afronta el reto, ¿cómo la luz va a estar escondida y oculta? La luz ha venido para alumbrar, quemándose en su misión. La siembra de la nueva humanidad exige su vida y, venciendo la turbación y el miedo a la muerte, él la ofrece. Él es el grano de trigo que necesita el mundo, y venciendo su angustia y su miedo, se ofrece al Padre.

    ¡Qué mediocre y torpe nuestra vida cuando la comparamos con la de Jesús! ¡Cuántos miedos pequeños nos paralizan! ¡Cuántas obsesiones y rencores nos quitan la felicidad! ¡Qué pequeña la generosidad con que ayudamos a los que sufren! ¡Qué cobardes son nuestras mayores valentías! ¡Qué timorata y corta la entrega que hacemos al Dios que todo nos lo ha dado, nuestra vida y la de su propio Hijo!

    No lo digo para que nos culpabilicemos, sino para que admiremos la entrega del Padre y del Hijo. Y llenándonos de la entrega de Dios vivamos con más radicalidad nuestra fe y nuestra solidaridad cristiana.