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  • Romper barreras

    (Juan 15, 9-17) UNO DE los signos más claros de que Cristo ha resucitado se realiza en la comunidad cristiana cuando los cristianos somos capaces de romper las barreras que en el mundo rompen la fraternidad y la comunión.

    Es difícil en estos tiempos tan polarizados por la política, a veces hasta con apelaciones guerracivilistas, pero cristianos con militancia en distintos partidos son capaces de compartir una misma fe y una misma lucha contra la pobreza y la exclusión.

    Fue complicado y nadie lo esperaba, pero personas de etnia gitana se convirtieron en catequistas apreciados, y niños de culturas distintas compartían juegos y oraciones en las catequesis, y tiendas de campañas y tareas comunitarias en los campamentos.

    Los jóvenes dejaron de decir: “las viejas esas…”, y descubrieron que eran personas llenas de sabiduría y fortaleza. Los mayores dejaron de juzgar a las jovencillas por el largo de su falda. Acabaron por saber los nombres unos de otros; unos valoraron el trabajo con los niños; los otros el acompañamiento a ancianos y enfermos. Se reconocieron como miembros de una misma comunidad, que en medio de su debilidad vivía la fe.

    De todos fue visto en el pasado agosto. Cientos de miles de jóvenes conviviendo, cantando, rezando, alegrándose unos de ver a los otros, formando entre todos un arco iris de banderas de todos los rincones del mundo, que sorprendía por la armonía y la comunión que se palpaba…

    Cuando la fe rompe fronteras tejiendo comprensión, alentando solidaridad e invitando a la  esperanza, en todos se enciende la llama de una sonrisa que expresa la gracia; y que a nadie deja indiferente porque es signo del amor cristiano.

     

  • El Signo de la Comunión

    (Lucas 24, 35-48) Hay momentos muy hermosos en la vida de las comunidades cristianas. Los hay difíciles, como en cualquier colectividad humana. Pero, a veces, parece que el Espíritu se pasea en torno a nosotros y crea un ámbito especial de comprensión, de afán de servicio y de plenitud personal.

    Recuérdalos.

    Puede haber sido en alguna celebración con los enfermos o con los ancianos, en la que jóvenes y mayores han sintonizado tanto que se ha vivido un atisbo del Reino. Puede haber sido en una misa, en la que la petición espontánea de un compañero, la predicación del sacerdote, o el momento de la comunión han hecho brotar un silencio orante donde comprendíamos perfectamente las palabras de San Juan de la Cruz: “la soledad sonora”.

    Puede haber sido en una reflexión de grupo, o en una asamblea comunitaria, donde fuimos capaces de reconocer a los otros como presencia de Cristo; donde fuimos capaces de valorar que el trabajo de los demás era necesario para anticipar la instauración del Reino. Los diversos y, a veces, enfrentados por esto o por aquello, éramos capaces de remar todos en una misma dirección.

    ¡Qué hermoso, qué gratificante!

    Puede haber sido en un encuentro personal en el que nos reconocimos tan igualmente vulnerables y semejantes que el rencor y el recelo dieron paso al perdón y la confianza.

    Muchas veces hemos compartido esta comunión, signo de la resurrección de Cristo. Y lo vivimos como un milagro en el que el Espíritu nos recreaba. ¿Lo recuerdas?

  • Entrevista a Isabel Mª Caballero

    2201Pregonera de Valme

    {xtypo_quote_left}“Mi pregón nace de la observación y relación con la Virgen de Valme ”{/xtypo_quote_left}

    El próximo domingo, día 9, a las 13:00 horas, tras la Función Principal, la parroquia de Santa María Magdalena alberga el Pregón de Valme. La encargada de anunciar la llegada de los días grandes dedicados a la Protectora de la ciudad será Isabel Mª Caballero, diputada segunda de la hermandad y diputada de obras asistenciales.

    ¿Cómo se encuentra la pregonera a pocas jornadas del gran día y cómo se encuentra el pregón?
    Me siento expectante y algo nerviosa. Es una experiencia de Valme que nunca he vivido, por lo que me invaden las lógicas preocupaciones e inquietudes. Sobre el pregón decir que creo que estará terminado cuando diga la última palabra en el atril.
    Cuando le anunciaron que iba a ser pregonera de Valme, ¿qué pensó que era lo imprescindible que debía reflejar en su pregón?
    La Virgen. Es una fiesta dedicada a Ella y aunque tiene muchos componentes que la hacen única e irrepetible, no debemos olvidar cuál es el origen y el centro.
    En contenido y en forma, ¿cómo lo definiría?
    Es un pregón que nace desde dentro, de una experiencia de observación y relación con la Virgen, las personas que la veneramos y la forma que tenemos para hacerlo. La romería es una de las piezas de la relación entre María de Valme y su pueblo.
    ¿Le ha influido aunque de manera indirecta algún pregonero o pregón a la hora de plantear el suyo?
    Llevo bastantes años asistiendo de manera continuada al pregón de Valme y lo que puedo decir es que cada uno es diferente. La visión y la experiencia de cada persona es algo tan íntimo, tan relacionado con su vida, que no se puede trasladar a otros.
    Es diputada de Obras Sociales y Asistenciales en la junta de gobierno de la Hermandad de Valme. ¿Qué papel va a jugar esa faceta en su pregón del domingo?
    Sin duda es un cargo que marca. Pienso que es una de las partes más importantes a las que debemos dedicarnos en el seno de las hermandades. Además durante esta época de dudas e incertidumbre, toma un protagonismo especial. Considero una obligación mostrarse abierto y receptivo a los problemas que se demandan, presentando una actitud de servicio continua a los demás. Es una experiencia que siempre formará parte de mí.
    ¿Qué será lo primero que se le pase por su cabeza cuando se ponga el domingo tras el atril?
    La verdad, no lo sé. Cuando vea las caras de todos los presentes, familiares, amigos y personas que no conozco, sólo espero que mis palabras sean capaces de transmitir todo lo que siento, y compartir con ellos  lo que el nombre de Valme supone para mí.
    ¿Cómo ve la Romería actualmente y qué echa de menos de la romería que vivía cuando era niña, si es que echa algo en falta?
    Observo que hemos sido capaces de engrandecer esta fiesta, el número de personas que participa en ella, la calidad de las carretas y galeras, demuestran una evolución positiva. Sin embargo, este avance también ha traído problemas, que se derivan básicamente de la falta de espacio y la masificación. Antes las romerías eran más tranquilas.
    ¿Cómo le gusta vivir los días grandes de Valme?
    Al máximo, rodeada de mi familia y amigos, sin que se me pierda un detalle, esperando que cada momento, diferente cada año, cale en lo más profundo de mí.
    Para terminar, si yo le digo Valme……
    Dos Hermanas y vida.

     

  • Gran Rey

    La enfermedad puede llegar a hundir a las personas ante la incertidumbre del futuro o engrandecerlas cuando su alma es generosa. Nuestro Rey pasó un trago difícil el verano pasado, felizmente superado. Nunca, en sus 35 años de reinado, había visto a Su Majestad —con mayúsculas— tan firme, tan convincente, tan seguro de sí mismo impartiendo vigor y confianza ante el reto de las turbias aguas en las que navegamos, como la noche de Navidad. A su lado, el belén cristiano, el belén de una familia judía refugiándose de la injusticia, era el símbolo más evidente de dónde estamos. Europa, y por supuesto España, o es fiel a sus raíces -raíces que no son excluyentes- y a sus tradiciones, o no será. Pues, como decía el sabio, todo lo que no es tradición es plagio.

    Hace poco fui haber una representacio Navideña en un colegio y me quede maravillado por los niños y por lo que fueron capaces de hacer con la escasez de medios pero con inteligencia e ilusion.

    Y esto es lo que necesitamos los españoles: ilusión, inteligencia y firmeza para salir adelante, tirando del carro los que podemos, y sabiendo que somos capaces de salir, como lo hemos hecho en otras épocas de nuestra historia más reciente.

    Ese viernes conocimos que, más que nunca, al frente de la nave del Estado seguirá estando, mientras Dios le ayude, Don Juan Carlos, el Rey de todos los españoles y de todos aquellos que han venido a nuestro suelo en busca de bienestar. Cuando comenzaron los primeros compases del himno nacional, al finalizar la navideña alocución, sentí una enorme tranquilidad frente a un futuro difícil pero esperanzador.