Etiqueta: buscaban

  • Efecto ‘llamada’

    (Juan 2, 35-42) El evangelio de San Juan es el más elevado y espiritual, por una parte, y el que más nos acerca a la realidad concreta de Jesucristo y sus discípulos. En el cuarto Evangelio encontramos detalles y gestos de Jesús tan cotidianos y concretos que, a veces, sorprenden. Es el Evangelio que con más claridad afirma la divinidad de Jesús y con más nitidez subraya su humanidad.

    En los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) se recuerda la llamada explícita a los discípulos. Jesús va al lago de Galilea y los va llamando con aquellas palabas que todos recordamos: “Veníos conmigo y yo os haré pescadores de hombres”. Juan nos muestra el primer encuentro de la forma más cotidiana. Jesús no llama explícitamente a los discípulos; unos discípulos tiran de otros ante la atracción de su persona. Comienzan a seguirlo, sin que él los haya llamado. Y cuando se da cuenta de que lo están siguiendo les pregunta: ¿Qué buscáis? Aturdidos por semejante pregunta, ellos le responden con otra: “Maestro, ¿dónde vives?”, porque ciertamente no sabían bien lo que buscaban.

    Todo el que busca es un poco emigrante. Deja lo seguro y busca la vida más allá de lo que hasta ahora ha vivido. Todo emigrante necesita que alguien le ofrezca su amistad y su compañía, que le abra las puertas de su casa, que lo trate como hermano –no como inmigrante forastero-. Todos los que buscan vida nueva necesitan que la Iglesia sea casa acogedora; necesitan que la comunidad cristiana les diga, como Jesús a aquellos primeros discípulos: “Venga, venid a mi casa, así la veis”.

    Aquellos discípulos-emigrantes nunca olvidaron cómo les abrieron las puertas de la casa. No olvidaron, ni el día, ni la hora.

     

  • La interrupción de vecinos de Montequinto suspende el pleno

    El alcalde levantó la sesión al no poder seguir con el orden del día

    La sesión del pleno municipal del mes de noviembre terminó de manera accidental al levantarse la sesión por parte del alcalde en el apartado de ruegos y preguntas de los grupos políticos. Esta decisión estuvo motivada por las interrupciones de un grupo de vecinos de Montequinto que querían tomar la palabra para volver a preguntar sobre el cierre de la residencia.

    Una decisión, para el portavoz del equipo de gobierno, Agustín Morón, correcta, “ya que la otra opción hubiese sido el desalojo de la sala, que era lo que buscaban precisamente algunos para hacer noticia”.

    Precisamente, el tema de la residencia iba a salir a colación por una pregunta de IU sobre la asignación presupuestaria de la Junta de Andalucía para las obras del nuevo centro en 2012. La partida asignada será de 2.432.100. Teniendo prevista otra de  8.133.582 para 2013 y una tercera de 501.292  para el año 2014.

     

  • ¿A quién buscáis?

    (Pasión según san Juan) Era noche cerrada y el viento traía oscuros presagios. Jesús lo esperaba, los discípulos también; aunque no sabían el día ni la hora. Llegaron sigilosamente, pero ya no había motivo para el sigilo, estaban acorralados. La guardia pretoriana se acercó a ellos, y Jesús, poniéndose en pie, les pregunta: ¿A quién buscáis?

    También nosotros durante esta semana buscamos a Jesús. Aquellos romanos buscaban a un sedicioso. Y nosotros, ¿a quién buscamos? ¿Una manifestación cultural?, ¿una de nuestras tradiciones más antiguas?, ¿el bullicio y el ir donde todos están?

    Recuerdo que de pequeño ante las imágenes de Semana Santa muchos hombres y mujeres hacían la señal de la cruz, rezaban un quedo Padrenuestro, incluso, algunos, hincaban la rodilla en el suelo. Ellos, al ir a las procesiones, buscaban a Jesucristo.

    Contemplar a Jesucristo en su pasión, contemplarlo con profundidad religiosa, o incluso simplemente humana, no nos deja igual. Cuando interiorizamos la vida de aquel hombre sufriendo hasta la muerte por amar a todas las personas, especialmente a los más pobres, nuestro corazón se conmueve sensiblemente. Esa experiencia sensible debe llevarnos a acoger el amor y el perdón de Dios para nosotros, y la llamada a construir un mundo más justo y solidario.

    Pero quizás es pedir demasiado. No son las procesiones momento ni lugar para, en silencio, mirar al que traspasaron; reconocer nuestra limitación y nuestro pecado; ofrecerle a Dios nuestra vida, reconocerle en aquella persona concreta a quienes muchos desprecian; acoger la gracia de la conversión a la bondad y a la honradez que nos pide. Quizás no sea lugar apropiado, ¿o quizás sí?

  • ¿A quién buscáis?

    (Pasión según san Juan) Era noche cerrada y el viento traía oscuros presagios. Jesús lo esperaba, los discípulos también; aunque no sabían el día ni la hora. Llegaron sigilosamente, pero ya no había motivo para el sigilo, estaban acorralados. La guardia pretoriana se acercó a ellos, y Jesús, poniéndose en pie, les pregunta: ¿A quién buscáis?

    También nosotros durante esta semana buscamos a Jesús. Aquellos romanos buscaban a un sedicioso. Y nosotros, ¿a quién buscamos? ¿Una manifestación cultural?, ¿una de nuestras tradiciones más antiguas?, ¿el bullicio y el ir donde todos están?

    Recuerdo que de pequeño ante las imágenes de Semana Santa muchos hombres y mujeres hacían la señal de la cruz, rezaban un quedo Padrenuestro, incluso, algunos, hincaban la rodilla en el suelo. Ellos, al ir a las procesiones, buscaban a Jesucristo.

    Contemplar a Jesucristo en su pasión, contemplarlo con profundidad religiosa, o incluso simplemente humana, no nos deja igual. Cuando interiorizamos la vida de aquel hombre sufriendo hasta la muerte por amar a todas las personas, especialmente a los más pobres, nuestro corazón se conmueve sensiblemente. Esa experiencia sensible debe llevarnos a acoger el amor y el perdón de Dios para nosotros, y la llamada a construir un mundo más justo y solidario.

    Pero quizás es pedir demasiado. No son las procesiones momento ni lugar para, en silencio, mirar al que traspasaron; reconocer nuestra limitación y nuestro pecado; ofrecerle a Dios nuestra vida, reconocerle en aquella persona concreta a quienes muchos desprecian; acoger la gracia de la conversión a la bondad y a la honradez que nos pide. Quizás no sea lugar apropiado, ¿o quizás sí?