Etiqueta: bondad

  • Agradecer

    (Mc 9, 2-10) Hay palabras que crean en el mero pronunciarse. Palabras que realizan incluso lo inesperado, lo que ni buscábamos siquiera. Así es la palabra que da las gracias.

    Quien da las gracias reconoce la bondad que con él han hecho; re-acoge el don que se le hizo; re-valora el bien que se le entregó. Quien da las gracias hace crecer el don, la bondad y el bien. A veces los dones que recibimos nos parece que ya nos lo merecíamos, y no les hacemos aprecio. Disfrutamos lo que se nos da, pero no nos recreamos en ello, ni nos recreamos en el amor o la bondad de la persona que nos los entrega. Quien da las gracias se recrea en el amor y en el bien con el que lo miran; re-disfruta, espiritualmente, aquel gesto de bondad material que se le dio. Pudo ser un favor pequeño, una hora de tiempo, un largo recorrido de amistad, o toda una vida que nos entrega y en la que se nos entrega quien nos quiere. Esto es mucho, pero es sólo lo que en la misma persona agraciada sucede.

    Quien da las gracias crea también gracia en los demás; ofrece el don de su sonrisa; entrega un bien de sí mismo, de su propia vida, al dejar a un lado lo recibido para mirar a los ojos a quien lo agració. Quien da las gracias alegra, recrea, enamora.

    Ser agradecido es la virtud más importante de un cristiano. Dar las gracias, cotidiana constantemente, llena nuestro corazón de alegría. Quien no es capaz de agradecer nunca tiene bastante, nunca está contento, nunca vive lleno de gracia; deja el agua correr sin que empape su vida. Quien da las gracias reconoce que el Donante es el verdadero don. ¿Cómo no agradecerte tu Hijo entregado por nosotros y el Espíritu que nos recrea descubriéndonos la Gracia?

  • Sociedad civil

    (Mateo 22, 15-22) La comprensión que Jesús de Nazaret tiene de la sociedad es profundamente realista, liberadora y actual. Sus parábolas nos muestran una mirada penetrante y crítica a los problemas que golpeaban a los más pobres e indefensos, y una gran libertad para señalar a quienes les hacían sufrir.

    Una de las intuiciones más fecunda y actual de esta comprensión es la no confusión entre el ámbito religioso y el político: “dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios” –escucharemos el próximo domingo-.

    Ningún gobierno, ningún grupo político, ningún legislador va a responder plenamente a las exigencias de la justicia; como ninguno de nosotros respondemos plenamente a las exigencias de la bondad. Todos estamos llamados por Dios –creyentes y no creyentes- a construir un mundo más humano y más justo; todos hemos de colaborar con su construcción.
    Los creyentes, desde la fe, acogemos la luz de la bondad de Dios Padre, y buscamos los caminos que nos lleven a un mundo más fraterno; en pie de igualdad con el resto de los hombres y mujeres de nuestra sociedad: sin imponer, sin arrinconarnos.

    Sin imponer porque la fe no se impone, y porque las que consideremos leyes justas, también tendrán elementos ambiguos y podrán ser causa de marginación y sufrimiento. Sin arrinconarnos, como algunos querrían, entretenidos en asuntos de sacristía y procesiones. La luz de la fe nos permite vivir en la esperanza de un mundo nuevo, y nos da fuerza para impulsarlo con humildad, con sacrificios, también con  alegría.

  • Tarde te amé

    (Mateo 20,1-16)  “Tarde te amé, Hermosura tan antigua y siempre nueva”, decía San Agustín en sus Confesiones, haciendo una oración sentida y llena de verdad.

    “Me llamaste y clamaste, y se rompió mi sordera; brillaste y resplandeciste, y me curaste de mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y me abraso en tu paz”.
    Los creyentes tenemos la tentación de comprender nuestra respuesta de fe, en lo concreto de nuestra vida, como un compromiso hecho desde nosotros mismos. Y cuando vienen dificultades y problemas, cuando las fuerzas nos faltan para afrontar aquello que decidimos, nos asalta una pregunta: ¿para qué me habré metido yo en este asunto?

    Otras veces vivimos ciertos aspectos de nuestra rectitud moral como exigencias exteriores a nosotros mismos, como leyes que se nos imponen desde lo alto. Y nos cansamos de cumplirlas, y nos sentimos atados y esclavos de algo que no tenemos asumido del todo.  En esos momentos nos muerde un sentimiento sordo: si no fuera cristiana tendría una vida más feliz. En vez de vivir la fe como encuentro y como amor, la vivimos como ley y compromiso. No es extraño que queramos renegar de ella en muchos momentos. La grandeza y la hermosura de Jesucristo son un océano que rodea al creyente. Que nada te robe esa experiencia honda de vivir respondiendo al Amor, con amor; a la Paz, con bondad; a la Bondad, trabajando humildemente por los pobres y los que sufren allí donde estés.

  • Ni “chicha” ni “limoná”

    (Mateo 5,17-37) NOS GUSTAN demasiado las medias tintas.

    Un amigo, cuando va al bar de su barrio, pide “un tres mentiras”; es decir, un café descafeinado, con leche desnatada y con edulcorante en vez de azúcar. Quizás para el café de la mañana no esté mal, pero las medias tintas en la vida dejan siempre insatisfecho.

    Quizás por eso el Evangelio de Jesús está tan lejos del rigorismo moral que acaba condenando a todos, como de ciertos libros de auto-ayuda en los que todo vale “si lo ha decidido la persona”. No todo vale porque no todo aprovecha. No todo vale porque sólo tenemos una vida para vivir con autenticidad y para acoger, a corazón abierto la vida.

    Cuando nos contentamos con querer y que nos quieran por cierto interés. Cuando nos conformamos con vivir, simplemente, sin muchas molestias. Cuando sólo buscamos que nuestro comportamiento sea como el de los demás. Dejamos de vivir como personas únicas e irrepetibles, y comenzamos a ser borregos de un rebaño. No todo vale porque muchos comportamientos le quitan profundidad, bondad, belleza y alegría a nuestra vida.

    La fe en Jesús siempre se mueve en la paradoja: toda la comprensión del mundo cuando hemos pecado; pero, también, toda la exigencia del mundo para que nuestro corazón se ensanche, y nuestros pulmones respiren auténtica vida. Lo más valioso casi siempre es gratis –el aire, el sol, el amor, la vida. Pero a veces la Vida sólo entregando la vida se gana.

     

  • Inocencia en la mirada

    (Mateo) Mira lo bueno y lo hermoso como si fuera la primera vez que lo haces. Los ojos son la puerta del alma; y, si miras las cosas con la ingenuidad de la primera vez, no dejarás nunca de admirarte por tanta bondad como te rodea.

    Estamos muy «entrenados» en descubrir lo negativo de los demás, y en lo que nosotros recaemos una y otra vez. También estamos muy concienciados del compromiso que como cristianos tenemos que vivir, aunque no lo vivamos. Pero, la capacidad de mirar una y otra vez la hermosura y la bondad que están a nuestro lado, la tenemos un poco adormecida. Y así cuando queremos vivir como cristianos nos sale el gesto serio de quien sabe mucho, pero saborea poco.

    Cada noche guarda unos minutos para ti mismo, para estar con Dios. Quizás tengas que arrepentirte de algo, quizás tengas que pedir fuerzas para continuar tus tareas.Pero no te olvides de repasar lentamente lo hermoso y lo bueno que has visto y sentido. ¿Qué no has visto nada bueno? (…) No lo digas, que ofendiendo a las criaturas, ofendes a quien las creó. Desde el amanecer hasta la noche ¡cuánto de bueno acontece a tu alrededor que has dejado de disfrutar sólo porque es cotidiano! Comienza esta noche y verás como poco a poco el ojo para contemplar lo bueno se espabila y tu vida va sosteniéndose en una continua acción de gracias.

    Juan, el bautista, incluso en la cárcel como estaba, escucha un hermoso mensaje: los cojos andan, los ciegos ven, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la buena noticia.

     

  • Agradecimiento a Óscar

    No hay palabras, ni letras para poder expresar, ni agradecer el gesto de una buena persona de este pueblo, llamado Óscar Rubio Nava (repartidor de pipas Kelia en Dos Hermanas).

    Que en estos tiempos tan difíciles sepa pensar en las necesidades de los demás, entregando una cartera encontrada con bastante dinero. Dicha persona lleva toda su vida haciendo buenas acciones, con bondad y buenos sentimientos.

    Quiero, departe de toda mi familia Jurado Salas, agradecerle su buen gesto y bondad.

     

  • Agradecimiento a Óscar

    No hay palabras, ni letras para poder expresar, ni agradecer el gesto de una buena persona de este pueblo, llamado Óscar Rubio Nava (repartidor de pipas Kelia en Dos Hermanas).

    Que en estos tiempos tan difíciles sepa pensar en las necesidades de los demás, entregando una cartera encontrada con bastante dinero. Dicha persona lleva toda su vida haciendo buenas acciones, con bondad y buenos sentimientos.

    Quiero, departe de toda mi familia Jurado Salas, agradecerle su buen gesto y bondad.

     

  • A contraluz

    (Lucas 17, 11-19) Las dificultades y los problemas de nuestra vida a veces se resuelven, y a veces no. Hay sombras que parecen poner en duda la existencia de la luz. Hay situaciones que vivimos tan terribles y absurdas que parecen poner en duda que nuestra vida pueda tener algún sentido.

    Pero las sombras sólo manifiestan la  relativa carencia, momentánea y pasajera, de la luz que las hace posible. Sin luz no hay sombras. Sólo queda la Nada más asfixiante, ante la que ni pronunciar palabra tiene sentido.

    Si no creyéramos en un Horizonte de bondad y de plenitud (al que llamamos Padre porque sólo una persona puede ser la plenitud verdadera de otra)…, si no creyéramos en Dios como Padre el acontecimiento más terrible que podamos imaginar tendría el mismo valor que el imperceptible evaporarse del agua de un vaso olvidado en la cocina. Sin horizonte de sentido, no tiene sentido hablar de absurdo. Sin un Padre de Bondad nadie hay que escuche nuestras quejas y lamentos.

    Desde la fe toda sombra adquiere un sentido profundo que la redime y la hace, no sólo soportable, sino, fuente de vida. Un hombre encarcelado por sus creencias, los sufrimientos de una terrible enfermedad, la falta de agradecimiento de la mayoría…, todo adquiere un sentido nuevo.

    No te desesperes a causa de las sombras de tu vida; haz memoria continua y agradecida de Jesucristo, que resucitado de entre los muertos vive enteramente para darnos vida.

     

  • La herencia

    (Lucas 24, 46-53) MUCHOS TENEMOS la suerte de haber heredado de nuestros padres una inmensa fortuna. Y no por que tuvieran muchas fincas que nos legaran al fallecer, sino porque nos entregaron lo mejor que la humanidad puede ofrecer: amor incondicional, capacidad de sacrificio por el otro, serenidad ante los problemas, alegría sencilla y vitalismo como forma de vida.

    Uno no recuerda a sus padres con agradecimiento porque fueran los más listos, ni los más valientes, ni los más “de nada”. Uno los recuerda con una sonrisa porque siendo buenos le enseñaron a vivir en la bondad. Hasta los pequeños defectos –de vez en cuando un mal genio, si le gustaba criticar a los vecinos, si alguna vez bebía más de la cuenta…–quedan en el olvido, o se revisten de comprensión e indulgencia.

    Cuando las personas vivían su muerte en la propia casa rodeadas de los suyos, y no en un hospital sin intimidad ni cercanía, de forma deshumanizada, no era raro que un padre o una madre bendijeran a sus hijos antes de morir, y que les hiciera una serie de recomendaciones en el lecho de la muerte, que se convertían en palabra de Dios para ellos, y les servían para vivir más unidos, para caminar en la bondad.

    En el evangelio de esta semana vemos a Jesús bendiciendo a sus discípulos antes de irse al cielo, y prometiendo que nos hará llegar su herencia, nada menos que su propio Espíritu.

    ¿Qué sentimientos pondrá una madre al bendecir a sus hijos en el lecho de muerte? ¿Qué sentimiento tendrá Jesús al bendecirte, a ti, este domingo de la Ascensión, al finalizar la misa? Cuando te bendiga, al acabar la misa, inclina la cabeza.