Etiqueta: basa

  • Local y Global por una política de centro

    La agrupación Local y Global apuesta por una  política de centro que se basa en el equilibro entre el bienestar social y la economía. Protegiendo los derechos sociales y favoreciendo el desarrollo económico. Su apuesta es un tipo de política conciliadora que valore en sus deciones a todos los sectores.

  • Mujeres en celo y el piloto automático

    1301MAGIC MIKE

    El prolífico Steven Soderbergh, del que el pasado año vimos dos de las tres películas que rodó, nos entrega su nuevo trabajo, una cinta de encargo, en la que se metió de lleno por la amistad que le une al actor protagonista (Channing Tatum, con el que trabajó en Haywire), que también es productor del filme y en cuya juventud como stripper se basa la historia que nos cuenta.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012 (110′)
    Dirección: Steven Soderbergh.
    Guión: Reid Carolyn.
    Producción:  Nick Weschler, Gregory Jacobs, Channing Tatum, Reid Carolyn.  
    Fotografía: Peter Andrews (Steven Soderbergh).
    Montaje: Mary Ann Bernard (Steven Soderbergh).
    Intérpretes: Channing Tatum (Magic Mike), Alex Pettyfer (Adam, The Kid), Matthew McConaughey (Dallas), Joe Manganiello (Big Dick Richie), Cody Horn (Brooke), Olivia Munn (Joanna), Matt Bomer (Ken), Riley Keough (Nora), Kevin Nash (Tarzan), Adam Rodriguez (Tito), Gabriel Iglesias (Tobias), Micaela Johnson (Portia), Denise Vasi (Ruby).{/xtypo_code}

    Sólo se basa, porque si bien Tatum ha reconocido su pasado desnudándose para grupos de mujeres que gritaban enloquecidas, lo que se narra es ficción. Pura ficción. Es decir, tópicos que funcionan en la pantalla.
    Y Soderbergh, que es todo un profesional al que le gusta lo que hace, se dedica en cuerpo y alma a sacar adelante la película, con su estilo reconocible, con su montaje, sus movimientos de cámara y la selección musical que suele acompañar a sus creaciones. Pero sólo en la primera media hora. Después, pone el piloto automático y se deja ir. Mantiene un ritmo constante hasta el final, pero ya no es lo mismo.

    Mike es un emprendedor que persigue el ‘sueño americano’ de todas las formas que se le ocurren, reparando tejados, lavando coches, diseñando muebles… Pero por la noche se convierte en Magic Mike, la estrella del club Xquisite. Un día introduce en el espectáculo a Alan, un joven compañero de trabajo. Alan se ve seducido por un mundo repleto de dinero, fiestas, mujeres y drogas que desconocía. Únicamente Brooke, la hermana de Alan, percibe que su hermano quizás está dejandose llevar demasiado.

    Aunque Soderbergh es un director más que competente, este proyecto no es su proyecto. Y eso se nota. El guion de Reid Carolyn está repleto de tópicos y convencionalismos. La historia que nos plantea la hemos visto mil veces en filmes sobre deportistas, su ascenso y posterior caída, motivado por los excesos de dinero, mujeres y droga a los que no estaba acostumbrado. Pero consigue sacar adelante el filme gracias a su trabajo multitarea (como es costumbre en él, se encarga además del montaje y de la fotografía, firmadas ambas con seudónimo), y gracias a las grandes interpretaciones de Channing Tatum y (sobre todo) Matthew McConaughey.

    El sello personal de Soderbergh queda patente, aunque más velado que en otras ocasiones, y Magic Mike, con un presupuesto minúsculo, está mucho más cerca de sus cintas menores (Full frontal o The girlfriend experience entre ellas), que de las más conocidas Traffic, Ocean’s eleven, Erin Brockovich o la infravalorada Un romance muy peligroso, por nombrar algunas de muy variado corte.

    Soderbergh pretende denunciar el exceso de ambición capitalista, el dinero que todo lo mueve. No juzga, simplemente muestra. Pero la cinta, que (aunque con altibajos) va manteniendo un cierto nivel, termina hundiéndose y siendo muy convencional.

  • Jennifer, la guerrera

    1101LOS JUEGOS DEL HAMBRE

    Estamos ante uno de los estrenos más esperados del año, una de las películas que han despertado más expectación, y que está llamada a romper la taquilla allá donde se estrene. El resultado final, para qué nos vamos a engañar, tiene sus aciertos, tiene sus buenos momentos, aunque tampoco es tan brillante, tan espectacular.

    {xtypo_code}Estados Unidos, 2012. (146′)
    Título original: The hunger games.
    Dirección: Gary Ross.
    Producción: Nina Jacobson, Jon Kilik.
    Guión:  Gary Ross, Suzanne Collins y Billy Ray, basado en la novela de Suzanne Collins.
    Fotografía: Tom Stern.
    Música: T-Bone Burnett y James Newton Howard.
    Montaje: Christopher S. Capp, Stephen Mirrione y Juliette Welfling.
    Intérpretes: Jennifer Lawrence (Katniss Everdeen), Josh Hutcherson (Peeta Mellark), Liam Hemsworth (Gale Hathorne), Elizabeth Banks (Effie Trinket), Woody Harrelson (Haymitch Abernathy), Wes Bentley (Seneca), Donald Sutherland (Presidente Snow), Lenny Kravitz (Cinna), Stanley Tucci (Caesar Flickerman), Alexander Ludwig (Cato), Isabelle Fuhrman (Clove), Amandla Stenberg (Rue), Willow Shields (Primrose Everdeen).{/xtypo_code}

    Buena parte de la culpa de ello la tiene el querer ir de original (hablamos ahora de la novela en la que se basa, y de donde -obviedad al canto- se extrae la trama de la cinta) cuando en realidad no lo es tanto, ya que la historia, los rasgos principales en los que pretende basar su fuerza, no son en absoluto novedosos. De hecho, son numerosas las referencias en las que, más voluntaria que involuntariamente, se basa.

    Señalemos dos: Situar la acción en un futuro distópico no es nada nuevo. Ejemplos hay a patadas. En este lugar, lo que antes era conocido como los Estados Unidos es ahora Panem, un territorio gobernado con rigor por el Capitolio, y en el que los doce distritos que lo rodean (incomunicados entre ellos y con la sede del poder) deben ceder cada año a un chico y una chica de entre doce y dieciocho años para participar en Los Juegos del Hambre, una lucha a muerte en la que sólo puede quedar uno. La referencia más evidente aquí es la cinta japonesa Battle Royale, cuya premisa era exactamente la misma, aunque motivada por otras causas (una especie de intento por enderezar a una juventud salvaje que ya no respeta nada ni a nadie). Estos juegos son transmitidos en directo por la televisión, siendo todo un éxito de público. Otra referencia, en este caso literaria: Ácido sulfúrico, de Amélie Nothomb, en la que una corporación secuestra a personas cualesquiera por la calle, para hacerlas participar por la fuerza en un reality televisivo en el que unos serán prisioneros en un campo de concentración y otros sus carceleros; el público, con sus votos, decide quién es ejecutado en directo cada semana; a pesar de las numerosas críticas, la audiencia aumenta cada día, y nadie se pierde los momentos más duros.

    Los juegos del hambre está bien rodada (faltaría más con el presupuesto que ha disfrutado); Jennifer Lawrence sigue creciendo aún más como actriz; consigue atraparte en su trama, a pesar de que hay muchos fragmentos demasiado esquemáticos; y tiene un par de logros destacables: la entrada en llamas en el desfile, y el hecho de presentar el romance como impostura, como estratagema en el juego. En contra, una cámara excesiva e innecesariamente nerviosa (a veces cuesta ver lo que se está mostrando), algunas situaciones y personajes demasiado lineales, dejar tramas abiertas en el aire (¿qué ocurre con ese conato de rebelión que vemos iniciarse y no se vuelve a mostrar?, ¿por qué desaparecen personajes sin motivo: Effie, Cinna…?), una historia que (pese a todo) suena a vista… Está bien, se disfruta, pero se esperaba más.