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  • Charla sobre igualdad en Los Potros

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    La A.VV. La Amistad acogerá el próximo viernes, día 26, a las 11:00 horas una charla sobre Igualdad y Violencia de Género, organizada por la federación de asociaciones de vecinos Unidad Nazarena. Los encargados de la ponencia serán Rafael Velázquez, experto en violencia de género, y la trabajadora social del centro de salud de San Hilario, Aurora Cintas. Previamente habrá un desayuno saludable.

    Asimismo, la asociación mujeres vecinales Oliva (en la foto) han realizado una visita cultural a Carmona, en la que participaron unas 40 mujeres. Esta asociación celebra, además, su Día de la Socia el día 3 de diciembre, estando abierto el plazo de inscripción.

     

  • Nuestra abuela Aurora

    Nacer mujer en 1910 fue difícil; estudiar una carrera a finales de los años 20, apasionante; iniciar la actividad docente en la Dos Hermanas del año 34, duro; formar una familia en la posguerra, un auténtico compromiso. Doña Aurora Fernández Fernández-Agüera nace en Sanlúcar de Barrameda en los albores del siglo XX, el 14 de junio de 1910. Desde pequeña muestra grandes aptitudes para el estudio, y son sus padres quienes, alentados por los maestros, deciden que no debe enfocar el futuro en “sus labores” (algo normal en la época) sino que tiene que proyectarse mediante estudios superiores.
    Ingresa en la Facultad de Magisterio de Sevilla, donde coincide con solo 9 alumnas más del sexo femenino (los estudios universitarios se reservaban, mayoritariamente, para algunos hombres). Estos años tendrán un valor crucial en la formación de nuestra Abuela, no solo a nivel intelectual, sino también sentimental. En estos años conoce al también estudiante de magisterio Don Enrique Díaz Ferreras, quien será eje en su vida, en la de sus hijos y en la de varias generaciones de nazarenos. Es en plena II República cuando Doña Aurora llega a Dos Hermanas, años convulsos que marcan a un colectivo como el de los maestros, que viven a pie de aula los innumerables sinsabores y las contadas alegrías de aquellos días.
    Durante más de 30 años Doña Aurora ejerce el magisterio en nuestro municipio, trasladándose en 1966 a Sevilla para posibilitar los estudios universitarios de sus 5 hijos, a los que les proporcionaron, tanto ella como su marido, un entorno adecuado para estudiar y vivir de sus profesiones el resto de sus vidas. El sacrificio, la rectitud, la paciencia y el respeto, son principios fundamentales que se inculcan en la casa para formar personas de provecho, honradas y trabajadoras, para conseguir seres humanos que sean poseedores del valor más preciado, el Amor. Hoy por hoy, Doña Aurora cuenta con una descendencia extensa y con un patrimonio familiar consolidado. Su huella y la de nuestro abuelo Enrique quedarán siempre en Dos Hermanas.
    Es de subrayar que en nuestras vidas Abuela ha sido una base, han conseguido nuestros padres que la mirásemos con el respeto y la admiración que ella merece. Es para nosotros un pilar. Nos ha regalado conversaciones, risas y silencios que nos han moldeado sin darnos cuenta. Nos enseñaba con su saber estar en casa, cada día. Siempre mostró una vida sin rencores, mirando hacia delante. Supo contar su “historia” para todos. Inteligente, viva. Con ella estamos cada vez que no está, siempre ha sido una más. Nos mostró sus bonitas manos que acariciaban, que cuidaban o que reñían. Sus manos que un día guiaron otra que torpemente empezaba a escribir, que marcaron sus primeras lecturas. Siempre presentes estarán esas que protegían, que esperaban, que hacían labores con la perfección y el gusto que lo hace un ángel. Que hablaban, que siempre nos hablan. Que son hoy el reflejo de una vida repleta de gestos, prudentes, que no aprietan.
    El siglo XX ha tenido en nuestra abuela Aurora a un baluarte de la Mujer Trabajadora. Ella es protagonista, heroína y modelo a seguir, es una de aquellas primeras mujeres que se esforzaron en la consecución de la Igualdad con mayúsculas. Fueron mujeres como ella las que tuvieron que consagrar su salud, su familia, su suerte, en definitiva, su vida, a la labor más loable: la Libertad. El 14 de junio de este año cumple sus “primeros” 100 años, con la agudeza mental, juventud, inteligencia y cariño que siempre le han caracterizado. Doña Aurora sigue siendo vecina de Dos Hermanas, es patrimonio vivo de nuestro Pueblo desde hace un siglo, y para siempre. Tú misma, Abuela. Con todo lo que significa tu nombre de verdad, vida, renovación, luz, pureza, claridad y futuro. Una bisnieta tendrá pronto el honor de llamarse como tú.
    Con nosotros siempre. Abuela, te queremos.

    Nacer mujer en 1910 fue difícil; estudiar una carrera a finales de los años 20, apasionante; iniciar la actividad docente en la Dos Hermanas del año 34, duro; formar una familia en la posguerra, un auténtico compromiso. Doña Aurora Fernández Fernández-Agüera nace en Sanlúcar de Barrameda en los albores del siglo XX, el 14 de junio de 1910.

     

    Desde pequeña muestra grandes aptitudes para el estudio, y son sus padres quienes, alentados por los maestros, deciden que no debe enfocar el futuro en “sus labores” (algo normal en la época) sino que tiene que proyectarse mediante estudios superiores. Ingresa en la Facultad de Magisterio de Sevilla, donde coincide con solo 9 alumnas más del sexo femenino (los estudios universitarios se reservaban, mayoritariamente, para algunos hombres).

    Estos años tendrán un valor crucial en la formación de nuestra Abuela, no solo a nivel intelectual, sino también sentimental. En estos años conoce al también estudiante de magisterio Don Enrique Díaz Ferreras, quien será eje en su vida, en la de sus hijos y en la de varias generaciones de nazarenos. Es en plena II República cuando Doña Aurora llega a Dos Hermanas, años convulsos que marcan a un colectivo como el de los maestros, que viven a pie de aula los innumerables sinsabores y las contadas alegrías de aquellos días.

    Durante más de 30 años Doña Aurora ejerce el magisterio en nuestro municipio, trasladándose en 1966 a Sevilla para posibilitar los estudios universitarios de sus 5 hijos, a los que les proporcionaron, tanto ella como su marido, un entorno adecuado para estudiar y vivir de sus profesiones el resto de sus vidas. El sacrificio, la rectitud, la paciencia y el respeto, son principios fundamentales que se inculcan en la casa para formar personas de provecho, honradas y trabajadoras, para conseguir seres humanos que sean poseedores del valor más preciado, el Amor. Hoy por hoy, Doña Aurora cuenta con una descendencia extensa y con un patrimonio familiar consolidado. Su huella y la de nuestro abuelo Enrique quedarán siempre en Dos Hermanas.

    Es de subrayar que en nuestras vidas Abuela ha sido una base, han conseguido nuestros padres que la mirásemos con el respeto y la admiración que ella merece. Es para nosotros un pilar. Nos ha regalado conversaciones, risas y silencios que nos han moldeado sin darnos cuenta. Nos enseñaba con su saber estar en casa, cada día. Siempre mostró una vida sin rencores, mirando hacia delante. Supo contar su “historia” para todos. Inteligente, viva. Con ella estamos cada vez que no está, siempre ha sido una más. Nos mostró sus bonitas manos que acariciaban, que cuidaban o que reñían. Sus manos que un día guiaron otra que torpemente empezaba a escribir, que marcaron sus primeras lecturas. Siempre presentes estarán esas que protegían, que esperaban, que hacían labores con la perfección y el gusto que lo hace un ángel. Que hablaban, que siempre nos hablan. Que son hoy el reflejo de una vida repleta de gestos, prudentes, que no aprietan. El siglo XX ha tenido en nuestra abuela Aurora a un baluarte de la Mujer Trabajadora. Ella es protagonista, heroína y modelo a seguir, es una de aquellas primeras mujeres que se esforzaron en la consecución de la Igualdad con mayúsculas.

    Fueron mujeres como ella las que tuvieron que consagrar su salud, su familia, su suerte, en definitiva, su vida, a la labor más loable: la Libertad. El 14 de junio de este año cumple sus “primeros” 100 años, con la agudeza mental, juventud, inteligencia y cariño que siempre le han caracterizado. Doña Aurora sigue siendo vecina de Dos Hermanas, es patrimonio vivo de nuestro Pueblo desde hace un siglo, y para siempre. Tú misma, Abuela. Con todo lo que significa tu nombre de verdad, vida, renovación, luz, pureza, claridad y futuro. Una bisnieta tendrá pronto el honor de llamarse como tú. Con nosotros siempre. Abuela, te queremos.

  • Nuestra abuela Aurora

    Nacer mujer en 1910 fue difícil; estudiar una carrera a finales de los años 20, apasionante; iniciar la actividad docente en la Dos Hermanas del año 34, duro; formar una familia en la posguerra, un auténtico compromiso. Doña Aurora Fernández Fernández-Agüera nace en Sanlúcar de Barrameda en los albores del siglo XX, el 14 de junio de 1910. Desde pequeña muestra grandes aptitudes para el estudio, y son sus padres quienes, alentados por los maestros, deciden que no debe enfocar el futuro en “sus labores” (algo normal en la época) sino que tiene que proyectarse mediante estudios superiores.
    Ingresa en la Facultad de Magisterio de Sevilla, donde coincide con solo 9 alumnas más del sexo femenino (los estudios universitarios se reservaban, mayoritariamente, para algunos hombres). Estos años tendrán un valor crucial en la formación de nuestra Abuela, no solo a nivel intelectual, sino también sentimental. En estos años conoce al también estudiante de magisterio Don Enrique Díaz Ferreras, quien será eje en su vida, en la de sus hijos y en la de varias generaciones de nazarenos. Es en plena II República cuando Doña Aurora llega a Dos Hermanas, años convulsos que marcan a un colectivo como el de los maestros, que viven a pie de aula los innumerables sinsabores y las contadas alegrías de aquellos días.
    Durante más de 30 años Doña Aurora ejerce el magisterio en nuestro municipio, trasladándose en 1966 a Sevilla para posibilitar los estudios universitarios de sus 5 hijos, a los que les proporcionaron, tanto ella como su marido, un entorno adecuado para estudiar y vivir de sus profesiones el resto de sus vidas. El sacrificio, la rectitud, la paciencia y el respeto, son principios fundamentales que se inculcan en la casa para formar personas de provecho, honradas y trabajadoras, para conseguir seres humanos que sean poseedores del valor más preciado, el Amor. Hoy por hoy, Doña Aurora cuenta con una descendencia extensa y con un patrimonio familiar consolidado. Su huella y la de nuestro abuelo Enrique quedarán siempre en Dos Hermanas.
    Es de subrayar que en nuestras vidas Abuela ha sido una base, han conseguido nuestros padres que la mirásemos con el respeto y la admiración que ella merece. Es para nosotros un pilar. Nos ha regalado conversaciones, risas y silencios que nos han moldeado sin darnos cuenta. Nos enseñaba con su saber estar en casa, cada día. Siempre mostró una vida sin rencores, mirando hacia delante. Supo contar su “historia” para todos. Inteligente, viva. Con ella estamos cada vez que no está, siempre ha sido una más. Nos mostró sus bonitas manos que acariciaban, que cuidaban o que reñían. Sus manos que un día guiaron otra que torpemente empezaba a escribir, que marcaron sus primeras lecturas. Siempre presentes estarán esas que protegían, que esperaban, que hacían labores con la perfección y el gusto que lo hace un ángel. Que hablaban, que siempre nos hablan. Que son hoy el reflejo de una vida repleta de gestos, prudentes, que no aprietan.
    El siglo XX ha tenido en nuestra abuela Aurora a un baluarte de la Mujer Trabajadora. Ella es protagonista, heroína y modelo a seguir, es una de aquellas primeras mujeres que se esforzaron en la consecución de la Igualdad con mayúsculas. Fueron mujeres como ella las que tuvieron que consagrar su salud, su familia, su suerte, en definitiva, su vida, a la labor más loable: la Libertad. El 14 de junio de este año cumple sus “primeros” 100 años, con la agudeza mental, juventud, inteligencia y cariño que siempre le han caracterizado. Doña Aurora sigue siendo vecina de Dos Hermanas, es patrimonio vivo de nuestro Pueblo desde hace un siglo, y para siempre. Tú misma, Abuela. Con todo lo que significa tu nombre de verdad, vida, renovación, luz, pureza, claridad y futuro. Una bisnieta tendrá pronto el honor de llamarse como tú.
    Con nosotros siempre. Abuela, te queremos.

    Nacer mujer en 1910 fue difícil; estudiar una carrera a finales de los años 20, apasionante; iniciar la actividad docente en la Dos Hermanas del año 34, duro; formar una familia en la posguerra, un auténtico compromiso. Doña Aurora Fernández Fernández-Agüera nace en Sanlúcar de Barrameda en los albores del siglo XX, el 14 de junio de 1910.

     

    Desde pequeña muestra grandes aptitudes para el estudio, y son sus padres quienes, alentados por los maestros, deciden que no debe enfocar el futuro en “sus labores” (algo normal en la época) sino que tiene que proyectarse mediante estudios superiores. Ingresa en la Facultad de Magisterio de Sevilla, donde coincide con solo 9 alumnas más del sexo femenino (los estudios universitarios se reservaban, mayoritariamente, para algunos hombres).

    Estos años tendrán un valor crucial en la formación de nuestra Abuela, no solo a nivel intelectual, sino también sentimental. En estos años conoce al también estudiante de magisterio Don Enrique Díaz Ferreras, quien será eje en su vida, en la de sus hijos y en la de varias generaciones de nazarenos. Es en plena II República cuando Doña Aurora llega a Dos Hermanas, años convulsos que marcan a un colectivo como el de los maestros, que viven a pie de aula los innumerables sinsabores y las contadas alegrías de aquellos días.

    Durante más de 30 años Doña Aurora ejerce el magisterio en nuestro municipio, trasladándose en 1966 a Sevilla para posibilitar los estudios universitarios de sus 5 hijos, a los que les proporcionaron, tanto ella como su marido, un entorno adecuado para estudiar y vivir de sus profesiones el resto de sus vidas. El sacrificio, la rectitud, la paciencia y el respeto, son principios fundamentales que se inculcan en la casa para formar personas de provecho, honradas y trabajadoras, para conseguir seres humanos que sean poseedores del valor más preciado, el Amor. Hoy por hoy, Doña Aurora cuenta con una descendencia extensa y con un patrimonio familiar consolidado. Su huella y la de nuestro abuelo Enrique quedarán siempre en Dos Hermanas.

    Es de subrayar que en nuestras vidas Abuela ha sido una base, han conseguido nuestros padres que la mirásemos con el respeto y la admiración que ella merece. Es para nosotros un pilar. Nos ha regalado conversaciones, risas y silencios que nos han moldeado sin darnos cuenta. Nos enseñaba con su saber estar en casa, cada día. Siempre mostró una vida sin rencores, mirando hacia delante. Supo contar su “historia” para todos. Inteligente, viva. Con ella estamos cada vez que no está, siempre ha sido una más. Nos mostró sus bonitas manos que acariciaban, que cuidaban o que reñían. Sus manos que un día guiaron otra que torpemente empezaba a escribir, que marcaron sus primeras lecturas. Siempre presentes estarán esas que protegían, que esperaban, que hacían labores con la perfección y el gusto que lo hace un ángel. Que hablaban, que siempre nos hablan. Que son hoy el reflejo de una vida repleta de gestos, prudentes, que no aprietan. El siglo XX ha tenido en nuestra abuela Aurora a un baluarte de la Mujer Trabajadora. Ella es protagonista, heroína y modelo a seguir, es una de aquellas primeras mujeres que se esforzaron en la consecución de la Igualdad con mayúsculas.

    Fueron mujeres como ella las que tuvieron que consagrar su salud, su familia, su suerte, en definitiva, su vida, a la labor más loable: la Libertad. El 14 de junio de este año cumple sus “primeros” 100 años, con la agudeza mental, juventud, inteligencia y cariño que siempre le han caracterizado. Doña Aurora sigue siendo vecina de Dos Hermanas, es patrimonio vivo de nuestro Pueblo desde hace un siglo, y para siempre. Tú misma, Abuela. Con todo lo que significa tu nombre de verdad, vida, renovación, luz, pureza, claridad y futuro. Una bisnieta tendrá pronto el honor de llamarse como tú. Con nosotros siempre. Abuela, te queremos.

  • Nuestra abuela Aurora

    Nacer mujer en 1910 fue difícil; estudiar una carrera a finales de los años 20, apasionante; iniciar la actividad docente en la Dos Hermanas del año 34, duro; formar una familia en la posguerra, un auténtico compromiso. Doña Aurora Fernández Fernández-Agüera nace en Sanlúcar de Barrameda en los albores del siglo XX, el 14 de junio de 1910. Desde pequeña muestra grandes aptitudes para el estudio, y son sus padres quienes, alentados por los maestros, deciden que no debe enfocar el futuro en “sus labores” (algo normal en la época) sino que tiene que proyectarse mediante estudios superiores.
    Ingresa en la Facultad de Magisterio de Sevilla, donde coincide con solo 9 alumnas más del sexo femenino (los estudios universitarios se reservaban, mayoritariamente, para algunos hombres). Estos años tendrán un valor crucial en la formación de nuestra Abuela, no solo a nivel intelectual, sino también sentimental. En estos años conoce al también estudiante de magisterio Don Enrique Díaz Ferreras, quien será eje en su vida, en la de sus hijos y en la de varias generaciones de nazarenos. Es en plena II República cuando Doña Aurora llega a Dos Hermanas, años convulsos que marcan a un colectivo como el de los maestros, que viven a pie de aula los innumerables sinsabores y las contadas alegrías de aquellos días.
    Durante más de 30 años Doña Aurora ejerce el magisterio en nuestro municipio, trasladándose en 1966 a Sevilla para posibilitar los estudios universitarios de sus 5 hijos, a los que les proporcionaron, tanto ella como su marido, un entorno adecuado para estudiar y vivir de sus profesiones el resto de sus vidas. El sacrificio, la rectitud, la paciencia y el respeto, son principios fundamentales que se inculcan en la casa para formar personas de provecho, honradas y trabajadoras, para conseguir seres humanos que sean poseedores del valor más preciado, el Amor. Hoy por hoy, Doña Aurora cuenta con una descendencia extensa y con un patrimonio familiar consolidado. Su huella y la de nuestro abuelo Enrique quedarán siempre en Dos Hermanas.
    Es de subrayar que en nuestras vidas Abuela ha sido una base, han conseguido nuestros padres que la mirásemos con el respeto y la admiración que ella merece. Es para nosotros un pilar. Nos ha regalado conversaciones, risas y silencios que nos han moldeado sin darnos cuenta. Nos enseñaba con su saber estar en casa, cada día. Siempre mostró una vida sin rencores, mirando hacia delante. Supo contar su “historia” para todos. Inteligente, viva. Con ella estamos cada vez que no está, siempre ha sido una más. Nos mostró sus bonitas manos que acariciaban, que cuidaban o que reñían. Sus manos que un día guiaron otra que torpemente empezaba a escribir, que marcaron sus primeras lecturas. Siempre presentes estarán esas que protegían, que esperaban, que hacían labores con la perfección y el gusto que lo hace un ángel. Que hablaban, que siempre nos hablan. Que son hoy el reflejo de una vida repleta de gestos, prudentes, que no aprietan.
    El siglo XX ha tenido en nuestra abuela Aurora a un baluarte de la Mujer Trabajadora. Ella es protagonista, heroína y modelo a seguir, es una de aquellas primeras mujeres que se esforzaron en la consecución de la Igualdad con mayúsculas. Fueron mujeres como ella las que tuvieron que consagrar su salud, su familia, su suerte, en definitiva, su vida, a la labor más loable: la Libertad. El 14 de junio de este año cumple sus “primeros” 100 años, con la agudeza mental, juventud, inteligencia y cariño que siempre le han caracterizado. Doña Aurora sigue siendo vecina de Dos Hermanas, es patrimonio vivo de nuestro Pueblo desde hace un siglo, y para siempre. Tú misma, Abuela. Con todo lo que significa tu nombre de verdad, vida, renovación, luz, pureza, claridad y futuro. Una bisnieta tendrá pronto el honor de llamarse como tú.
    Con nosotros siempre. Abuela, te queremos.

    Nacer mujer en 1910 fue difícil; estudiar una carrera a finales de los años 20, apasionante; iniciar la actividad docente en la Dos Hermanas del año 34, duro; formar una familia en la posguerra, un auténtico compromiso. Doña Aurora Fernández Fernández-Agüera nace en Sanlúcar de Barrameda en los albores del siglo XX, el 14 de junio de 1910.

     

    Desde pequeña muestra grandes aptitudes para el estudio, y son sus padres quienes, alentados por los maestros, deciden que no debe enfocar el futuro en “sus labores” (algo normal en la época) sino que tiene que proyectarse mediante estudios superiores. Ingresa en la Facultad de Magisterio de Sevilla, donde coincide con solo 9 alumnas más del sexo femenino (los estudios universitarios se reservaban, mayoritariamente, para algunos hombres).

    Estos años tendrán un valor crucial en la formación de nuestra Abuela, no solo a nivel intelectual, sino también sentimental. En estos años conoce al también estudiante de magisterio Don Enrique Díaz Ferreras, quien será eje en su vida, en la de sus hijos y en la de varias generaciones de nazarenos. Es en plena II República cuando Doña Aurora llega a Dos Hermanas, años convulsos que marcan a un colectivo como el de los maestros, que viven a pie de aula los innumerables sinsabores y las contadas alegrías de aquellos días.

    Durante más de 30 años Doña Aurora ejerce el magisterio en nuestro municipio, trasladándose en 1966 a Sevilla para posibilitar los estudios universitarios de sus 5 hijos, a los que les proporcionaron, tanto ella como su marido, un entorno adecuado para estudiar y vivir de sus profesiones el resto de sus vidas. El sacrificio, la rectitud, la paciencia y el respeto, son principios fundamentales que se inculcan en la casa para formar personas de provecho, honradas y trabajadoras, para conseguir seres humanos que sean poseedores del valor más preciado, el Amor. Hoy por hoy, Doña Aurora cuenta con una descendencia extensa y con un patrimonio familiar consolidado. Su huella y la de nuestro abuelo Enrique quedarán siempre en Dos Hermanas.

    Es de subrayar que en nuestras vidas Abuela ha sido una base, han conseguido nuestros padres que la mirásemos con el respeto y la admiración que ella merece. Es para nosotros un pilar. Nos ha regalado conversaciones, risas y silencios que nos han moldeado sin darnos cuenta. Nos enseñaba con su saber estar en casa, cada día. Siempre mostró una vida sin rencores, mirando hacia delante. Supo contar su “historia” para todos. Inteligente, viva. Con ella estamos cada vez que no está, siempre ha sido una más. Nos mostró sus bonitas manos que acariciaban, que cuidaban o que reñían. Sus manos que un día guiaron otra que torpemente empezaba a escribir, que marcaron sus primeras lecturas. Siempre presentes estarán esas que protegían, que esperaban, que hacían labores con la perfección y el gusto que lo hace un ángel. Que hablaban, que siempre nos hablan. Que son hoy el reflejo de una vida repleta de gestos, prudentes, que no aprietan. El siglo XX ha tenido en nuestra abuela Aurora a un baluarte de la Mujer Trabajadora. Ella es protagonista, heroína y modelo a seguir, es una de aquellas primeras mujeres que se esforzaron en la consecución de la Igualdad con mayúsculas.

    Fueron mujeres como ella las que tuvieron que consagrar su salud, su familia, su suerte, en definitiva, su vida, a la labor más loable: la Libertad. El 14 de junio de este año cumple sus “primeros” 100 años, con la agudeza mental, juventud, inteligencia y cariño que siempre le han caracterizado. Doña Aurora sigue siendo vecina de Dos Hermanas, es patrimonio vivo de nuestro Pueblo desde hace un siglo, y para siempre. Tú misma, Abuela. Con todo lo que significa tu nombre de verdad, vida, renovación, luz, pureza, claridad y futuro. Una bisnieta tendrá pronto el honor de llamarse como tú. Con nosotros siempre. Abuela, te queremos.

  • Nuestra abuela Aurora

    Nacer mujer en 1910 fue difícil; estudiar una carrera a finales de los años 20, apasionante; iniciar la actividad docente en la Dos Hermanas del año 34, duro; formar una familia en la posguerra, un auténtico compromiso. Doña Aurora Fernández Fernández-Agüera nace en Sanlúcar de Barrameda en los albores del siglo XX, el 14 de junio de 1910. Desde pequeña muestra grandes aptitudes para el estudio, y son sus padres quienes, alentados por los maestros, deciden que no debe enfocar el futuro en “sus labores” (algo normal en la época) sino que tiene que proyectarse mediante estudios superiores.
    Ingresa en la Facultad de Magisterio de Sevilla, donde coincide con solo 9 alumnas más del sexo femenino (los estudios universitarios se reservaban, mayoritariamente, para algunos hombres). Estos años tendrán un valor crucial en la formación de nuestra Abuela, no solo a nivel intelectual, sino también sentimental. En estos años conoce al también estudiante de magisterio Don Enrique Díaz Ferreras, quien será eje en su vida, en la de sus hijos y en la de varias generaciones de nazarenos. Es en plena II República cuando Doña Aurora llega a Dos Hermanas, años convulsos que marcan a un colectivo como el de los maestros, que viven a pie de aula los innumerables sinsabores y las contadas alegrías de aquellos días.
    Durante más de 30 años Doña Aurora ejerce el magisterio en nuestro municipio, trasladándose en 1966 a Sevilla para posibilitar los estudios universitarios de sus 5 hijos, a los que les proporcionaron, tanto ella como su marido, un entorno adecuado para estudiar y vivir de sus profesiones el resto de sus vidas. El sacrificio, la rectitud, la paciencia y el respeto, son principios fundamentales que se inculcan en la casa para formar personas de provecho, honradas y trabajadoras, para conseguir seres humanos que sean poseedores del valor más preciado, el Amor. Hoy por hoy, Doña Aurora cuenta con una descendencia extensa y con un patrimonio familiar consolidado. Su huella y la de nuestro abuelo Enrique quedarán siempre en Dos Hermanas.
    Es de subrayar que en nuestras vidas Abuela ha sido una base, han conseguido nuestros padres que la mirásemos con el respeto y la admiración que ella merece. Es para nosotros un pilar. Nos ha regalado conversaciones, risas y silencios que nos han moldeado sin darnos cuenta. Nos enseñaba con su saber estar en casa, cada día. Siempre mostró una vida sin rencores, mirando hacia delante. Supo contar su “historia” para todos. Inteligente, viva. Con ella estamos cada vez que no está, siempre ha sido una más. Nos mostró sus bonitas manos que acariciaban, que cuidaban o que reñían. Sus manos que un día guiaron otra que torpemente empezaba a escribir, que marcaron sus primeras lecturas. Siempre presentes estarán esas que protegían, que esperaban, que hacían labores con la perfección y el gusto que lo hace un ángel. Que hablaban, que siempre nos hablan. Que son hoy el reflejo de una vida repleta de gestos, prudentes, que no aprietan.
    El siglo XX ha tenido en nuestra abuela Aurora a un baluarte de la Mujer Trabajadora. Ella es protagonista, heroína y modelo a seguir, es una de aquellas primeras mujeres que se esforzaron en la consecución de la Igualdad con mayúsculas. Fueron mujeres como ella las que tuvieron que consagrar su salud, su familia, su suerte, en definitiva, su vida, a la labor más loable: la Libertad. El 14 de junio de este año cumple sus “primeros” 100 años, con la agudeza mental, juventud, inteligencia y cariño que siempre le han caracterizado. Doña Aurora sigue siendo vecina de Dos Hermanas, es patrimonio vivo de nuestro Pueblo desde hace un siglo, y para siempre. Tú misma, Abuela. Con todo lo que significa tu nombre de verdad, vida, renovación, luz, pureza, claridad y futuro. Una bisnieta tendrá pronto el honor de llamarse como tú.
    Con nosotros siempre. Abuela, te queremos.

    Nacer mujer en 1910 fue difícil; estudiar una carrera a finales de los años 20, apasionante; iniciar la actividad docente en la Dos Hermanas del año 34, duro; formar una familia en la posguerra, un auténtico compromiso. Doña Aurora Fernández Fernández-Agüera nace en Sanlúcar de Barrameda en los albores del siglo XX, el 14 de junio de 1910.

     

    Desde pequeña muestra grandes aptitudes para el estudio, y son sus padres quienes, alentados por los maestros, deciden que no debe enfocar el futuro en “sus labores” (algo normal en la época) sino que tiene que proyectarse mediante estudios superiores. Ingresa en la Facultad de Magisterio de Sevilla, donde coincide con solo 9 alumnas más del sexo femenino (los estudios universitarios se reservaban, mayoritariamente, para algunos hombres).

    Estos años tendrán un valor crucial en la formación de nuestra Abuela, no solo a nivel intelectual, sino también sentimental. En estos años conoce al también estudiante de magisterio Don Enrique Díaz Ferreras, quien será eje en su vida, en la de sus hijos y en la de varias generaciones de nazarenos. Es en plena II República cuando Doña Aurora llega a Dos Hermanas, años convulsos que marcan a un colectivo como el de los maestros, que viven a pie de aula los innumerables sinsabores y las contadas alegrías de aquellos días.

    Durante más de 30 años Doña Aurora ejerce el magisterio en nuestro municipio, trasladándose en 1966 a Sevilla para posibilitar los estudios universitarios de sus 5 hijos, a los que les proporcionaron, tanto ella como su marido, un entorno adecuado para estudiar y vivir de sus profesiones el resto de sus vidas. El sacrificio, la rectitud, la paciencia y el respeto, son principios fundamentales que se inculcan en la casa para formar personas de provecho, honradas y trabajadoras, para conseguir seres humanos que sean poseedores del valor más preciado, el Amor. Hoy por hoy, Doña Aurora cuenta con una descendencia extensa y con un patrimonio familiar consolidado. Su huella y la de nuestro abuelo Enrique quedarán siempre en Dos Hermanas.

    Es de subrayar que en nuestras vidas Abuela ha sido una base, han conseguido nuestros padres que la mirásemos con el respeto y la admiración que ella merece. Es para nosotros un pilar. Nos ha regalado conversaciones, risas y silencios que nos han moldeado sin darnos cuenta. Nos enseñaba con su saber estar en casa, cada día. Siempre mostró una vida sin rencores, mirando hacia delante. Supo contar su “historia” para todos. Inteligente, viva. Con ella estamos cada vez que no está, siempre ha sido una más. Nos mostró sus bonitas manos que acariciaban, que cuidaban o que reñían. Sus manos que un día guiaron otra que torpemente empezaba a escribir, que marcaron sus primeras lecturas. Siempre presentes estarán esas que protegían, que esperaban, que hacían labores con la perfección y el gusto que lo hace un ángel. Que hablaban, que siempre nos hablan. Que son hoy el reflejo de una vida repleta de gestos, prudentes, que no aprietan. El siglo XX ha tenido en nuestra abuela Aurora a un baluarte de la Mujer Trabajadora. Ella es protagonista, heroína y modelo a seguir, es una de aquellas primeras mujeres que se esforzaron en la consecución de la Igualdad con mayúsculas.

    Fueron mujeres como ella las que tuvieron que consagrar su salud, su familia, su suerte, en definitiva, su vida, a la labor más loable: la Libertad. El 14 de junio de este año cumple sus “primeros” 100 años, con la agudeza mental, juventud, inteligencia y cariño que siempre le han caracterizado. Doña Aurora sigue siendo vecina de Dos Hermanas, es patrimonio vivo de nuestro Pueblo desde hace un siglo, y para siempre. Tú misma, Abuela. Con todo lo que significa tu nombre de verdad, vida, renovación, luz, pureza, claridad y futuro. Una bisnieta tendrá pronto el honor de llamarse como tú. Con nosotros siempre. Abuela, te queremos.

  • Nuestra abuela Aurora

    Nacer mujer en 1910 fue difícil; estudiar una carrera a finales de los años 20, apasionante; iniciar la actividad docente en la Dos Hermanas del año 34, duro; formar una familia en la posguerra, un auténtico compromiso. Doña Aurora Fernández Fernández-Agüera nace en Sanlúcar de Barrameda en los albores del siglo XX, el 14 de junio de 1910. Desde pequeña muestra grandes aptitudes para el estudio, y son sus padres quienes, alentados por los maestros, deciden que no debe enfocar el futuro en “sus labores” (algo normal en la época) sino que tiene que proyectarse mediante estudios superiores.
    Ingresa en la Facultad de Magisterio de Sevilla, donde coincide con solo 9 alumnas más del sexo femenino (los estudios universitarios se reservaban, mayoritariamente, para algunos hombres). Estos años tendrán un valor crucial en la formación de nuestra Abuela, no solo a nivel intelectual, sino también sentimental. En estos años conoce al también estudiante de magisterio Don Enrique Díaz Ferreras, quien será eje en su vida, en la de sus hijos y en la de varias generaciones de nazarenos. Es en plena II República cuando Doña Aurora llega a Dos Hermanas, años convulsos que marcan a un colectivo como el de los maestros, que viven a pie de aula los innumerables sinsabores y las contadas alegrías de aquellos días.
    Durante más de 30 años Doña Aurora ejerce el magisterio en nuestro municipio, trasladándose en 1966 a Sevilla para posibilitar los estudios universitarios de sus 5 hijos, a los que les proporcionaron, tanto ella como su marido, un entorno adecuado para estudiar y vivir de sus profesiones el resto de sus vidas. El sacrificio, la rectitud, la paciencia y el respeto, son principios fundamentales que se inculcan en la casa para formar personas de provecho, honradas y trabajadoras, para conseguir seres humanos que sean poseedores del valor más preciado, el Amor. Hoy por hoy, Doña Aurora cuenta con una descendencia extensa y con un patrimonio familiar consolidado. Su huella y la de nuestro abuelo Enrique quedarán siempre en Dos Hermanas.
    Es de subrayar que en nuestras vidas Abuela ha sido una base, han conseguido nuestros padres que la mirásemos con el respeto y la admiración que ella merece. Es para nosotros un pilar. Nos ha regalado conversaciones, risas y silencios que nos han moldeado sin darnos cuenta. Nos enseñaba con su saber estar en casa, cada día. Siempre mostró una vida sin rencores, mirando hacia delante. Supo contar su “historia” para todos. Inteligente, viva. Con ella estamos cada vez que no está, siempre ha sido una más. Nos mostró sus bonitas manos que acariciaban, que cuidaban o que reñían. Sus manos que un día guiaron otra que torpemente empezaba a escribir, que marcaron sus primeras lecturas. Siempre presentes estarán esas que protegían, que esperaban, que hacían labores con la perfección y el gusto que lo hace un ángel. Que hablaban, que siempre nos hablan. Que son hoy el reflejo de una vida repleta de gestos, prudentes, que no aprietan.
    El siglo XX ha tenido en nuestra abuela Aurora a un baluarte de la Mujer Trabajadora. Ella es protagonista, heroína y modelo a seguir, es una de aquellas primeras mujeres que se esforzaron en la consecución de la Igualdad con mayúsculas. Fueron mujeres como ella las que tuvieron que consagrar su salud, su familia, su suerte, en definitiva, su vida, a la labor más loable: la Libertad. El 14 de junio de este año cumple sus “primeros” 100 años, con la agudeza mental, juventud, inteligencia y cariño que siempre le han caracterizado. Doña Aurora sigue siendo vecina de Dos Hermanas, es patrimonio vivo de nuestro Pueblo desde hace un siglo, y para siempre. Tú misma, Abuela. Con todo lo que significa tu nombre de verdad, vida, renovación, luz, pureza, claridad y futuro. Una bisnieta tendrá pronto el honor de llamarse como tú.
    Con nosotros siempre. Abuela, te queremos.

    Nacer mujer en 1910 fue difícil; estudiar una carrera a finales de los años 20, apasionante; iniciar la actividad docente en la Dos Hermanas del año 34, duro; formar una familia en la posguerra, un auténtico compromiso. Doña Aurora Fernández Fernández-Agüera nace en Sanlúcar de Barrameda en los albores del siglo XX, el 14 de junio de 1910.

     

    Desde pequeña muestra grandes aptitudes para el estudio, y son sus padres quienes, alentados por los maestros, deciden que no debe enfocar el futuro en “sus labores” (algo normal en la época) sino que tiene que proyectarse mediante estudios superiores. Ingresa en la Facultad de Magisterio de Sevilla, donde coincide con solo 9 alumnas más del sexo femenino (los estudios universitarios se reservaban, mayoritariamente, para algunos hombres).

    Estos años tendrán un valor crucial en la formación de nuestra Abuela, no solo a nivel intelectual, sino también sentimental. En estos años conoce al también estudiante de magisterio Don Enrique Díaz Ferreras, quien será eje en su vida, en la de sus hijos y en la de varias generaciones de nazarenos. Es en plena II República cuando Doña Aurora llega a Dos Hermanas, años convulsos que marcan a un colectivo como el de los maestros, que viven a pie de aula los innumerables sinsabores y las contadas alegrías de aquellos días.

    Durante más de 30 años Doña Aurora ejerce el magisterio en nuestro municipio, trasladándose en 1966 a Sevilla para posibilitar los estudios universitarios de sus 5 hijos, a los que les proporcionaron, tanto ella como su marido, un entorno adecuado para estudiar y vivir de sus profesiones el resto de sus vidas. El sacrificio, la rectitud, la paciencia y el respeto, son principios fundamentales que se inculcan en la casa para formar personas de provecho, honradas y trabajadoras, para conseguir seres humanos que sean poseedores del valor más preciado, el Amor. Hoy por hoy, Doña Aurora cuenta con una descendencia extensa y con un patrimonio familiar consolidado. Su huella y la de nuestro abuelo Enrique quedarán siempre en Dos Hermanas.

    Es de subrayar que en nuestras vidas Abuela ha sido una base, han conseguido nuestros padres que la mirásemos con el respeto y la admiración que ella merece. Es para nosotros un pilar. Nos ha regalado conversaciones, risas y silencios que nos han moldeado sin darnos cuenta. Nos enseñaba con su saber estar en casa, cada día. Siempre mostró una vida sin rencores, mirando hacia delante. Supo contar su “historia” para todos. Inteligente, viva. Con ella estamos cada vez que no está, siempre ha sido una más. Nos mostró sus bonitas manos que acariciaban, que cuidaban o que reñían. Sus manos que un día guiaron otra que torpemente empezaba a escribir, que marcaron sus primeras lecturas. Siempre presentes estarán esas que protegían, que esperaban, que hacían labores con la perfección y el gusto que lo hace un ángel. Que hablaban, que siempre nos hablan. Que son hoy el reflejo de una vida repleta de gestos, prudentes, que no aprietan. El siglo XX ha tenido en nuestra abuela Aurora a un baluarte de la Mujer Trabajadora. Ella es protagonista, heroína y modelo a seguir, es una de aquellas primeras mujeres que se esforzaron en la consecución de la Igualdad con mayúsculas.

    Fueron mujeres como ella las que tuvieron que consagrar su salud, su familia, su suerte, en definitiva, su vida, a la labor más loable: la Libertad. El 14 de junio de este año cumple sus “primeros” 100 años, con la agudeza mental, juventud, inteligencia y cariño que siempre le han caracterizado. Doña Aurora sigue siendo vecina de Dos Hermanas, es patrimonio vivo de nuestro Pueblo desde hace un siglo, y para siempre. Tú misma, Abuela. Con todo lo que significa tu nombre de verdad, vida, renovación, luz, pureza, claridad y futuro. Una bisnieta tendrá pronto el honor de llamarse como tú. Con nosotros siempre. Abuela, te queremos.

  • La profesora Aurora Fernández celebra su siglo de vida “con muchas ganas”

    2001

    Participó en la apertura de los colegios La Almona y San Sebastián 

    Con “muchas ganas y buena salud” celebró Aurora Fernández Fernández-Agüera sus cien años de vida. Una efemérides muy especial que la familia de esta profesora jubilada, que fuera esposa del también maestro y practicante Enrique Díaz Ferreras, han querido celebrar por todo lo alto. Unos 70 invitados se dieron cita el pasado fin de semana en su domicilio de la barriada de La Motilla, entre familiares y hasta un grupo de antiguas alumnas, que no quisieron perderse esta emotiva celebración.

    Aurora Fernández nació en Sanlúcar de Barrameda y como hija que era del delegado de la Unión Española de Explosivos viajó desde muy pequeña de ciudad en ciudad, cursando sus estudios a caballo entre Córdoba, La Coruña y Sevilla, animada y apoyada en todo momento tanto por su familia como por su profesorado dadas sus cualidades. Aurora desarrolló la mayor parte de su carrera profesional, entre  los años 1934 y 1966, en la ciudad de Dos Hermanas. T

    ras aprobar las oposiciones, a Aurora le conceden una plaza en el colegio Calvo Sotelo (actual San Sebastián), que aún no estaba construido. Mientras tanto, la profesora imparte clases en una nave habilitada en la calle Canónigo. Tras desempeñar su labor durante dos años en el conocido como colegio del Cementerio, Aurora pasa al también recién inaugurado colegio José Antonio Primo de Rivera, más conocido como  La Almona.

    A la profesora le toca vivir en Dos Hermanas en plena posguerra, compaginando su trabajo como profesora con el cuidado de sus cinco hijos. Además, Aurora se sumerge en una campaña nacional de alfabetización para reducir los altos índices de analfabetismo. Sus hijos recuerdan aquella época como una “vida dura” en la que sus padres “cobraban unos sueldos ínfimos” pero debían mantener un estatus social al ser considerados los profesores en aquella época como personalidades importantes del pueblo.  Además, realizaron un sobreesfuerzo, recuerdan, para que todos sus hijos pudiesen tener una educación.

    Un momento crucial para la familia fue la iniciativa puesta en marcha por un grupo de alumnos del patriarca para que un colegio de Dos Hermanas llevara su nombre. Tras varias iniciativas frustradas, se logra que el recién inaugurado colegio de La Moneda llevase el nombre del maestro Enrique Díaz Ferreras, con el que siguen manteniendo una estrecha relación y siguen participando en los actos a los que se les invitan.Un claro ejemplo de la vinculación de esta familia con Dos Hermanas y con el ámbito educativo en el que desempeñaron su labor durante décadas.

    {xtypo_code} Marcha a Sevilla

    Aurora Fernández abandona la ciudad de Dos Hermanas para continuar con su labor docente en los centros de San Jacinto y Borbolla, en Sevilla. En este último se jubiló con 70 años en la década de los 80, manteniendo un buen recuerdo de todos sus colegios. “Me he encontrado a gusto en todos, ya que han sido muy buenos conmigo y yo también me he portado bien con ellos”, recuerda.{/xtypo_code}


     

     

  • La profesora Aurora Fernández celebra su siglo de vida “con muchas ganas”

    2001

    Participó en la apertura de los colegios La Almona y San Sebastián 

    Con “muchas ganas y buena salud” celebró Aurora Fernández Fernández-Agüera sus cien años de vida. Una efemérides muy especial que la familia de esta profesora jubilada, que fuera esposa del también maestro y practicante Enrique Díaz Ferreras, han querido celebrar por todo lo alto. Unos 70 invitados se dieron cita el pasado fin de semana en su domicilio de la barriada de La Motilla, entre familiares y hasta un grupo de antiguas alumnas, que no quisieron perderse esta emotiva celebración.

    Aurora Fernández nació en Sanlúcar de Barrameda y como hija que era del delegado de la Unión Española de Explosivos viajó desde muy pequeña de ciudad en ciudad, cursando sus estudios a caballo entre Córdoba, La Coruña y Sevilla, animada y apoyada en todo momento tanto por su familia como por su profesorado dadas sus cualidades. Aurora desarrolló la mayor parte de su carrera profesional, entre  los años 1934 y 1966, en la ciudad de Dos Hermanas. T

    ras aprobar las oposiciones, a Aurora le conceden una plaza en el colegio Calvo Sotelo (actual San Sebastián), que aún no estaba construido. Mientras tanto, la profesora imparte clases en una nave habilitada en la calle Canónigo. Tras desempeñar su labor durante dos años en el conocido como colegio del Cementerio, Aurora pasa al también recién inaugurado colegio José Antonio Primo de Rivera, más conocido como  La Almona.

    A la profesora le toca vivir en Dos Hermanas en plena posguerra, compaginando su trabajo como profesora con el cuidado de sus cinco hijos. Además, Aurora se sumerge en una campaña nacional de alfabetización para reducir los altos índices de analfabetismo. Sus hijos recuerdan aquella época como una “vida dura” en la que sus padres “cobraban unos sueldos ínfimos” pero debían mantener un estatus social al ser considerados los profesores en aquella época como personalidades importantes del pueblo.  Además, realizaron un sobreesfuerzo, recuerdan, para que todos sus hijos pudiesen tener una educación.

    Un momento crucial para la familia fue la iniciativa puesta en marcha por un grupo de alumnos del patriarca para que un colegio de Dos Hermanas llevara su nombre. Tras varias iniciativas frustradas, se logra que el recién inaugurado colegio de La Moneda llevase el nombre del maestro Enrique Díaz Ferreras, con el que siguen manteniendo una estrecha relación y siguen participando en los actos a los que se les invitan.Un claro ejemplo de la vinculación de esta familia con Dos Hermanas y con el ámbito educativo en el que desempeñaron su labor durante décadas.

    {xtypo_code} Marcha a Sevilla

    Aurora Fernández abandona la ciudad de Dos Hermanas para continuar con su labor docente en los centros de San Jacinto y Borbolla, en Sevilla. En este último se jubiló con 70 años en la década de los 80, manteniendo un buen recuerdo de todos sus colegios. “Me he encontrado a gusto en todos, ya que han sido muy buenos conmigo y yo también me he portado bien con ellos”, recuerda.{/xtypo_code}


     

     

  • La profesora Aurora Fernández celebra su siglo de vida “con muchas ganas”

    2001

    Participó en la apertura de los colegios La Almona y San Sebastián 

    Con “muchas ganas y buena salud” celebró Aurora Fernández Fernández-Agüera sus cien años de vida. Una efemérides muy especial que la familia de esta profesora jubilada, que fuera esposa del también maestro y practicante Enrique Díaz Ferreras, han querido celebrar por todo lo alto. Unos 70 invitados se dieron cita el pasado fin de semana en su domicilio de la barriada de La Motilla, entre familiares y hasta un grupo de antiguas alumnas, que no quisieron perderse esta emotiva celebración.

    Aurora Fernández nació en Sanlúcar de Barrameda y como hija que era del delegado de la Unión Española de Explosivos viajó desde muy pequeña de ciudad en ciudad, cursando sus estudios a caballo entre Córdoba, La Coruña y Sevilla, animada y apoyada en todo momento tanto por su familia como por su profesorado dadas sus cualidades. Aurora desarrolló la mayor parte de su carrera profesional, entre  los años 1934 y 1966, en la ciudad de Dos Hermanas. T

    ras aprobar las oposiciones, a Aurora le conceden una plaza en el colegio Calvo Sotelo (actual San Sebastián), que aún no estaba construido. Mientras tanto, la profesora imparte clases en una nave habilitada en la calle Canónigo. Tras desempeñar su labor durante dos años en el conocido como colegio del Cementerio, Aurora pasa al también recién inaugurado colegio José Antonio Primo de Rivera, más conocido como  La Almona.

    A la profesora le toca vivir en Dos Hermanas en plena posguerra, compaginando su trabajo como profesora con el cuidado de sus cinco hijos. Además, Aurora se sumerge en una campaña nacional de alfabetización para reducir los altos índices de analfabetismo. Sus hijos recuerdan aquella época como una “vida dura” en la que sus padres “cobraban unos sueldos ínfimos” pero debían mantener un estatus social al ser considerados los profesores en aquella época como personalidades importantes del pueblo.  Además, realizaron un sobreesfuerzo, recuerdan, para que todos sus hijos pudiesen tener una educación.

    Un momento crucial para la familia fue la iniciativa puesta en marcha por un grupo de alumnos del patriarca para que un colegio de Dos Hermanas llevara su nombre. Tras varias iniciativas frustradas, se logra que el recién inaugurado colegio de La Moneda llevase el nombre del maestro Enrique Díaz Ferreras, con el que siguen manteniendo una estrecha relación y siguen participando en los actos a los que se les invitan.Un claro ejemplo de la vinculación de esta familia con Dos Hermanas y con el ámbito educativo en el que desempeñaron su labor durante décadas.

    {xtypo_code} Marcha a Sevilla

    Aurora Fernández abandona la ciudad de Dos Hermanas para continuar con su labor docente en los centros de San Jacinto y Borbolla, en Sevilla. En este último se jubiló con 70 años en la década de los 80, manteniendo un buen recuerdo de todos sus colegios. “Me he encontrado a gusto en todos, ya que han sido muy buenos conmigo y yo también me he portado bien con ellos”, recuerda.{/xtypo_code}


     

     

  • La profesora Aurora Fernández celebra su siglo de vida “con muchas ganas”

    2001

    Participó en la apertura de los colegios La Almona y San Sebastián 

    Con “muchas ganas y buena salud” celebró Aurora Fernández Fernández-Agüera sus cien años de vida. Una efemérides muy especial que la familia de esta profesora jubilada, que fuera esposa del también maestro y practicante Enrique Díaz Ferreras, han querido celebrar por todo lo alto. Unos 70 invitados se dieron cita el pasado fin de semana en su domicilio de la barriada de La Motilla, entre familiares y hasta un grupo de antiguas alumnas, que no quisieron perderse esta emotiva celebración.

    Aurora Fernández nació en Sanlúcar de Barrameda y como hija que era del delegado de la Unión Española de Explosivos viajó desde muy pequeña de ciudad en ciudad, cursando sus estudios a caballo entre Córdoba, La Coruña y Sevilla, animada y apoyada en todo momento tanto por su familia como por su profesorado dadas sus cualidades. Aurora desarrolló la mayor parte de su carrera profesional, entre  los años 1934 y 1966, en la ciudad de Dos Hermanas. T

    ras aprobar las oposiciones, a Aurora le conceden una plaza en el colegio Calvo Sotelo (actual San Sebastián), que aún no estaba construido. Mientras tanto, la profesora imparte clases en una nave habilitada en la calle Canónigo. Tras desempeñar su labor durante dos años en el conocido como colegio del Cementerio, Aurora pasa al también recién inaugurado colegio José Antonio Primo de Rivera, más conocido como  La Almona.

    A la profesora le toca vivir en Dos Hermanas en plena posguerra, compaginando su trabajo como profesora con el cuidado de sus cinco hijos. Además, Aurora se sumerge en una campaña nacional de alfabetización para reducir los altos índices de analfabetismo. Sus hijos recuerdan aquella época como una “vida dura” en la que sus padres “cobraban unos sueldos ínfimos” pero debían mantener un estatus social al ser considerados los profesores en aquella época como personalidades importantes del pueblo.  Además, realizaron un sobreesfuerzo, recuerdan, para que todos sus hijos pudiesen tener una educación.

    Un momento crucial para la familia fue la iniciativa puesta en marcha por un grupo de alumnos del patriarca para que un colegio de Dos Hermanas llevara su nombre. Tras varias iniciativas frustradas, se logra que el recién inaugurado colegio de La Moneda llevase el nombre del maestro Enrique Díaz Ferreras, con el que siguen manteniendo una estrecha relación y siguen participando en los actos a los que se les invitan.Un claro ejemplo de la vinculación de esta familia con Dos Hermanas y con el ámbito educativo en el que desempeñaron su labor durante décadas.

    {xtypo_code} Marcha a Sevilla

    Aurora Fernández abandona la ciudad de Dos Hermanas para continuar con su labor docente en los centros de San Jacinto y Borbolla, en Sevilla. En este último se jubiló con 70 años en la década de los 80, manteniendo un buen recuerdo de todos sus colegios. “Me he encontrado a gusto en todos, ya que han sido muy buenos conmigo y yo también me he portado bien con ellos”, recuerda.{/xtypo_code}