Etiqueta: afán

  • Codicia

    (Mateo 21, 33-43) Nada hay tan creativo como el afán humano de superación. Las personas tenemos un impulso innato por superarnos y crecer, por llegar a cotas más altas y elevadas. Ser persona es trascender, ir más allá. Ese impulso es admirablemente creativo y revolucionario. Es capaz de inventar medicinas nuevas, de convertir el desierto en una huerta, de crear fuentes de riqueza y trabajo, de hacer surgir la belleza de la madera o el barro. Pero, como todo lo humano, ambiguo y necesitado de ser guiado y encauzado.

    En nuestros tiempos, ese afán de superación se ha convertido, demasiadas veces, en codicia, en afán por tener más y más. La codicia, omnipresente como la polución, lo está contaminando todo.

    Nace del afán de superación humana y es capaz de inventarlo todo, de replantearlo todo. Pero, ha convertido al Dinero en su dios, y acaba pervirtiéndolo y corrompiéndolo todo. Es capaz de dejar morir a personas por seguir rentabilizando una medicina; de especular hasta con la producción de alimentos –con el hambre de los pobres–; es capaz de destruir puestos de trabajo y condenar a familias enteras, por  unos puntos en el balance empresarial; es capaz de provocar asesinatos y guerras. La codicia es la fuerza más destructiva de la historia.

    En su enfrentamiento con las autoridades de Jerusalén, Jesús desvela cuál es el pecado que les llevará a asesinarlo: la codicia. Querrán quedarse con lo que no es suyo, y no dudarán en asesinar al Hijo de Dios. La codicia, que está matando a los hijos de Dios, crucificó a su Hijo Único, Jesucristo.

  • Carnet de conducir gratis para la mejor nota de Selectividad

    Autoescuela Fórmula quiere premiar el afán de superación del alumnado nazareno

    La Autoescuela Fórmula ha decidido premiar con la obtención gratuita del carnet de conducir de clase B al alumno o alumna que obtenga la mejor calificación en las Pruebas de Acceso a la Universidad que tendrán lugar al final del presente curso 2011/12.

    Una iniciativa novedosa cuyo objetivo es lograr la incentivación del alumnado, fomentando el estudio y su afán de superación entre los jóvenes que cursan el último curso de Bachillerato.

    Podrán optar a esta recompensa, a todo un año de esfuerzos, el alumnado de los centros: La Loma, Alminar, Arenal, Gonzalo Nazareno, Torre de los Herberos y Vistazul.

    Una vez se realice la Selectividad, Ramón L. Romero Reyes se reunirá con los responsables de cada centro para informarles de la persona que ha sido seleccionada para beneficiarse de esta oferta. El alumno o la alumna elegida recibirá de manera gratuita material didáctico, clases teóricas, examen teórico, clases prácticas y examen práctico.

     

  • Día de la Paz

    La paloma de la paz,
    y su ramita de olivo:
    la imagen que da sentido
    al relleno de otro día,
    que riega las guarderías
    de colgantes, algodones,
    frasecitas-colofones,
    regalitos compartidos,
    el adorno pertinaz,
    la paloma de la paz,
    y su ramita de olivo.

    Pero el símbolo es papel.
    Y el papel se difumina
    cuando el mundo se encamina
    a seguir ensangrentado;
    sin aprender del pasado;
    sin sacar sus consecuencias;
    reduciendo la experiencia
    —en su afán comprometido—
    al discursito locuaz,
    la paloma de la paz,
    y su ramita de olivo.

    Y la paz no encuentra el día.
    Revolotea en la noche;
    en el aire del reproche
    a nuestra vil condición:
    matarnos en aluvión,
    darle pompa a la miseria,
    hacer caja —cosa seria—
    y adornarlo de un motivo,
    alguna mentira audaz,
    la paloma de la paz,
    y su ramita de olivo.

  • ‘Desenmascaramor’

    Mañana es Jueves Santo, día del amor fraterno. A través de nuestras tradiciones, a veces a pesar de ellas, queremos hacer memorial –memoria eficaz y subversiva—del inmenso amor de Jesucristo, que nos muestra qué significa amar a los hermanos y a Dios.

    Lavando los pies a sus discípulos, por amor, desenmascara el afán de Pedro de ser el primero y de estar por encima de todos. Tomando, en silencio, el oficio de los últimos, de los esclavos, termina de convencer a Judas de que esa humildad suya no será nunca eficaz para dominar y vencer; desenmascara la traición que latía en su interior. Explicando que “el Maestro y el Señor” asume el servicio más humilde y despreciado, desenmascara las idolatrías de la comodidad y el status social de todos sus discípulos, especialmente de los llamados a mostrar su rostro, los apóstoles.

    El amor de Jesús nos desenmascara.

    Quita la máscara de quien llenándose la boca de las palabras “justicia” y “solidaridad” ataca a los débiles, acorrala al desamparado, amenaza –solapada y contundentemente—a quien osa mostrarse crítico.

    Quita la máscara de quien, por defender, mundanamente, la dignidad de la iglesia, pasa por encima de sufrimiento y la vida de los más débiles.

    Quita la máscara de quien diciendo querer quitar la paja del ojo ajeno lo deja ciego, porque no ve con la viga que tiene en el suyo. Viga de odio, de rencor, de afán de dominio social o de rastreros intereses económicos.

    Quita la máscara de quien en su comodidad sólo critica sin aportar nada, sin colaborar con la causa de Jesús, sin plantearse siquiera qué y  cómo puede profundizar en su fe y su compromiso cristiano.

    Dios Padre, en Jesús, nos desenmascara, por amor, arrodillándose ante nosotros –cuando tanto nos cuesta a nosotros arrodillarnos de verdad ante Él.