Categoría: La película

  • Los Oscar más europeos

     Javier Bardem  Marion Cotillard Diablo Cody
     Javier Bardem dedicó el premio a su madre. Marion Cotillard consiguió el Oscar a la mejor actriz. Diablo Cody se alzó con la estatuilla por el guión de 'Juno'.

     Bardem consigue el primer Oscar para un actor español

    Rondaban las 3:20 de la madrugada cuando Jennifer Hudson confirmaba lo que todos deseábamos y todas las quinielas pronosticaban desde hacía tiempo: Javier Bardem era el primer español en ganar un Oscar (en el apartado de interpretación, claro) como el mejor actor de reparto del año. Y el canario (con un par) subió al escenario y tras unas brevísimas palabras en inglés, hizo su discurso de agradecimiento en español. La fiesta estaba servida. Lástima que Alberto Iglesias no pudiera obtener el de mejor banda sonora (le venció el italiano Dario Marianelli por su trabajo en Expiación, el único Oscar que se llevó el filme británico) para hacer la noche más redonda para nuestra cinematografía.
     

    La octogésima ceremonia de los premios de la Academia americana del cine se caracterizó por ser la más europea de las que se recuerdan. A los ya indicados de Bardem y Marianelli habría que sumar hasta nueve estatuillas más que cruzarán el charco y se vendrán al viejo continente, repartidas entre Francia y Reino Unido (tres para cada uno), Italia (una más la ya indicada) y Austria e Irlanda, con uno cada uno. Entre ellos, los cuatro premios interpretativos, de los cuales, los dos masculinos eran esperados, pero los femeninos llegaron por sorpresa (sobre todo para las premiadas), venciendo a las favoritas en ambas categorías.

    Clara vencedora
    Aunque no hubo una película ganadora tan clara como en otras ocasiones, venció No es país para viejos, que se llevó los premios a la mejor película, mejor director y mejor guión adaptado (además del de actor secundario para Bardem). Su gran rival, Pozos de ambición, tuvo que conformarse con sólo dos premios: los de mejor actor (Daniel Day-Lewis) y mejor fotografía. Los mismos se llevó La vie en rose, una de las sorpresas de la noche (que no fueron pocas), al alzarse con los Oscar al mejor maquillaje (que, por cierto, el año pasado ya también vino para Europa, al ser galardonados el equipo español de El laberinto del fauno) y, cuando nadie contaba con ello, mejor actriz (Marion Cotillard), que se convirtió así en la tercera actriz francesa que gana el Oscar, pero la primera en hacerlo con un papel interpretado en francés.

    Hicieron pleno
    Hubo dos películas que hicieron pleno, es decir, que se llevaron todos los premios a los que optaban: El ultimátum de Bourne se alzó con tres Oscar, eso sí, en las categorías llamadas menores (sonido, montaje de sonido y montaje) y, para muchos la sorpresa más agradable de la gala, Once, que se llevó el premio a la mejor canción venciendo a los tres temas de Alan Menken (que no es moco de pavo) que competían por Encantada.
    Juno, que la noche anterior había sido la ganadora de los Independent Spirit Awards, al llevarse a casa los premios a las mejores película, actriz y primer guión, sólo consiguió en esta ocasión premio para este último, al llevarse el Oscar al mejor guión original (Diablo Cody logró algo pocas veces visto para un primer guión).
    En el resto de categorías, Sweeney Todd consiguió el premio a la mejor dirección artística; Michael Clayton el de mejor actriz de reparto (la británica Tilda Swinton); Expiación la ya mencionada banda sonora; Elizabeth, los años dorados se llevó el de mejor vestuario; La brújula dorada el de mejores efectos especiales; Ratatouille fue la mejor cinta de animación; Taxi al lado oscuro, el mejor documental; y la austriaca Los falsificadores se llevó el premio a la película de habla no inglesa.

     

  • El nacimiento de un clásico

    Javier Bardem en No es país para viejosNO ES PAÍS PARA VIEJOS

    Tres años después de que se estrenara su última película (Ladykillers, una cinta menor, aunque en ningún caso corta de calidad) los hermanos Coen regresan con fuerzas al panorama cinematográfico. Acaban de estrenar esta soberbia No es país para viejos, y ya han rodado Burn after reading, una comedia con George Clooney, Brad Pitt, John Malkovich y Frances McDormand, y -por si fuera poco- en abril comienzan a rodar otra más, A serious man. Parece como si quisieran recuperar el tiempo perdido en este trienio de golpe y, o mucho cambian las cosas, o lo van a conseguir con creces.
     

    Estados Unidos, 2007. (122 minutos)
    Título original: No country for old men.
    Escrita y dirigida por: Joel Coen y Ethan Coen, basado en la novela homónima de Cormac McCarthy.
    Producción: Joel Coen, Ethan Coen y Scout Rudin.
    Fotografía: Roger Deakins.
    Música: Carter Burwell.
    Montaje: Ethan Coen y Joel Coen (bajo el seudónimo Roderick Jaynes).
    Intérpretes: Tommy Lee Jones (Ed Tom Bell), Josh Brolin (Llewelyn Moss), Javier Bardem (Anton Chigurh), Kelly MacDonald (Carla Jean Moss), Woody Harrelson (Carson Wells), Garret Dillahunt (Wendell), Tess Harper (Loretta Bell), Barry Corbin (Ellis), Rodger Boyce (Sheriff de El Paso), Beth Grant (Madre de Carla Jean), Ana Reeder (Mujer de la piscina), Kit Gwyn (Secretaria de Bell).

    Los Coen recuperan la línea más oscura y sangrienta de sus primeros trabajos, desde Sangre fácil a Muerte entre las flores, y se alejan del tono tratado en obras como Crueldad intolerable, una de sus cintas más recientes, y de lo más flojo que hayan hecho jamás la pareja de hermanos
    Llewelyn Moss encuentra en pleno desierto varias camionetas rodeadas de hombres muertos. Y en la parte trasera de una de ellas, un cargamento de heroína. Todo señala a una pelea entre bandas. A poca distancia de allí, un maletín con dos millones de dólares, que Moss se lleva provocando una reacción en cadena, un auténtico vendaval de violencia que superará al desilusionado sheriff Bell y que obligará a Moss a huir, con un sádico y peligroso hombre, llamado Anton Chigurh, pisándole los talones, y el sheriff Bell siguiendolos.
    Pese a que No es país para viejos es la película más sangrienta y violenta de los Coen, según sus propias palabras, ello no es óbice para que la cinta esté carente de ciertas dósis de humor, muy negro en ocasiones, que también estaba presente en la gran novela que ha dado origen al filme, cuyo autor (Cormac McCarthy) ha sido recientemente galardonado con el Pulitzer por su última obra, La carretera.
    Destinada irremediablemente a convertirse en un clásico, No es país para viejos posee unas imágenes poderosas, obra de Roger Deakins, habitual colaborador de los Coen en la dirección de fotografía (sin menospreciar, por supuesto, el trabajo de los hermanos), con un montaje muy acertado y una elección de planos excepcional (inolvidable la imagen, sencilla y simple, en la que sin mostrar nada, los Coen informan de que Chigurh acaba de matar a la única mujer que asesina en todo su sangriento peregrinar), y ayudados de un reparto excepcional en el que sobresale un Bardem sublime.
    La película es la favorita para la noche de los Oscar, y está siendo alabada por (casi) toda la prensa especializada, llegando al 94 por ciento de criticas positivas (178 de 189) en el tomatómetro (nada que ver con el programa televisivo de reciente muerte, sino con rottentomatoes.com, una de las webs más importantes referentes al mundo del cine -con permiso de la más grande y popular de todas, imdb-), y que ya lleva ganados más de setenta premios de diversos festivales y asociaciones (muchos de ellos para nuestro Javier Bardem, que ya es una estrella mundial).
    Portentosa, una de las más grandes obras de los Coen, una muestra de buen (muy buen) cine, un clásico instantáneo.

  • La versión más oscura de Tim Burton

    Sweeney ToddSWEENEY TODD. EL BARBERO DIABÓLICO DE LA CALLE FLEET

    Tim Burton es de esos directores extraños, casi catalogables como ‘freakies’ (y sin casi), que no suelen plegarse a las exigencias de los grandes estudios y que viven alejados de todo el bullicio y las persecuciones de la prensa que se mueve alrededor de Hollywood y de todo lo que allí se cuece, de esos directores capaces de lo mejor (muchos ejemplos podrian ir en este apartado) y de lo peor (aún hay quien tiene pesadillas con aquellas insufriles versiones de El planeta de los simios y la segunda parte de Batman). Es de esos directores que se mueven igual de bien en el mundo luminoso de cintas como Big Fish o Charlie y la fábrica de chocolate, que en el oscuro y sórdido de Sleepy Hollow o La novia cadáver.

    Estados Unidos-Reino Unido, 2007. (117')
    Título original: Sweeney Todd The demon barber of Fleet Street.
    Director: Tim Burton.
    Producción: Richard D. Zanuck, Walter Parkes, Laurie MacDonald, John Logan
    Guión: John Logan, Christopher Bond, basado en el musical de Stephen Sondheim y Hugh Wheeler.
    Fotografía: Dariusz Wolski.
    Música: Stephen Sondheim.
    Montaje: Chris Lebenzon.
    Intérpretes: Johnny Depp (Sweeney Todd), Helena Bonham-Carter (Sra. Nellie Lovett), Alan Rickman (Juez Turpin), Timothy Spall (Beadle Bamford), Sacha Baron Cohen (Adolfo Pirelli), Jayne Wisener (Johanna), Jamie Campbell Bower (Anthony Hope)

    Y Johnny Depp es su perfecto alter ego, la otra cara de la misma moneda. Juntos han colaborado en seis películas (desde la primera, hace casi veinte años, Eduardo Manostijeras), incluyendo esta Sweeney Todd, nueva versión cinematográfica de una historia que nació en los años treinta y que conoció, a finales de los setenta, una versión musical que se estrenó en Broadway y que es precisamente la que se versiona aquí, siendo así la primera vez que tanto Burton como Depp se enfrentan a un género tan complicado como el musical, aunque con un personaje y una historia que son dignos de entrar en la extraña galería de creaciones de dicha pareja, junto a Willy Wonka, Ed Wood o Manostijeras.

    Benjamin Barker es un barbero que vive feliz con su mujer y su hija de apenas unos meses. Pero el juez Turpin, enamorado de la mujer, hace encarcelar a Barker. Quince años después, éste regresa a Londres, bajo el nombre de Sweeney Todd, y abre una barbería encima de la tienda de la señora Lovett, quien le cuenta que su mujer se envenenó años atrás. Con la ayuda de su vecina y con sus herramientas de trabajo, Todd tratará de vengarse de todos sus enemigos, hasta llegar a Turpin, y reunirse con su hija Johanna, que vive bajo la tutela del juez, ajena a sus verdaderos orígenes.

    La película tiene uno de sus puntos fuertes, además de en el aspecto físico, algo que Burton suele cuidar hasta en el más mínimo detalle, en sus personajes. Sobre todo en Sweeney Todd, un ser que no es malvado (después de todo) sino un hombre atormentado, tan centrado y obsesionado con la muerte, con la venganza, que ello le hace perder la perspectiva de la realidad que le rodea, a perder el contacto con la vida.

    Debo reconocer que (al contrario que me ocurre con los Coen, de los que hablamos la pasada semana), prefiero al Burton luminoso, al de Big fish, Mars Attacks! o incluso Bitelchús, que al oscuro, sin negar que en ese mundo también me guste.

    Y aquí estamos ante el Burton más oscuro, más sangriento, con algunas escenas que pueden llegar a parecer repulsivas, pero sin perder el sentido del humor habitual en el director. Un humor negro, muy negro.

    No es el mejor Burton, eso es evidente, pero la mezcla perfecta de asesinatos, música, monstruos y canibalismo, bañado todo ello (casi rehogado, podríamos decir) que Burton ha creado, hacen que uno no pueda evitar sonreir pese a todo y decir “Joder, ¡cómo me gusta!”.

  • Ambiciones de poder

    las hermanas bolenaLAS HERMANAS BOLENA

    No es esta la primera película histórica que trata la vida de Enrique VIII, Ana Bolena y sus ambiciones y deseos de llegar a ser reina de Inglaterra, por encima de lo que fuera y de quien fuera. Quizás por ello, se haya hablado más del primer ‘enfrentamiento’ fílmico entre Natalie Portman y Scarlett Johansson.

    Reino Unido-Estados Unidos, 2008. (115')
    Título original: The other Boleyn girl.
    Director: Justin Chadwick.
    Producción: Alison Owen y Scott Rudin.
    Guión: Peter Morgan, basado en la novela de Philippa Gregory.
    Fotografía: Kieran McGuigan.
    Música: Paul Cantelon.
    Montaje: Paul Knight, Carol Littleton.
    Intérpretes: Natalie Portman (Ana Bolena), Scarlett Johansson (María Bolena), Eric Bana (Enrique VIII), Jim Sturguess (Jorge Bolena), Mark Rylance (Sir Thomas Bolena), Kristin Scott-Thomas (Lady Elizabeth Bolena), David Morrisey (Duque de Norfolk), Benedict Cumberbatch (William Carey), Oliver Coleman (Henry Percy), Ana Torrent (Catalina de Aragón), Eddie Redmayne (William Stafford), Juno Temple (Jane Parker), Corinne Galloway (Jane Seymour).

    La historia puede ser más o menos conocida, con más o menos detalle: Enrique VIII reina con mano de hierro en Inglaterra, deseoso de que su mujer (Catalina de Aragón) le dé un heredero varón que no llega (varios hijos nacen muertos). Conocedor de tal hecho, el duque de Norfolk organiza un viaje del rey a la mansión de su cuñado sir Tomás Bolena, con la idea de instruir a la mayor de sus hijas, Ana, para impresionar favorablemente al monarca y que la convierta en su amante, con todos los beneficios que esto supondría para la familia si ella logra darle un hijo varón. Pero el rey sufre un accidente de caballo durante la visita, provocado por una imprudencia de Ana, y el monarca posa sus ojos en la otra chica Bolena, María, de quien queda prendado y a quien, pese a las reticencias de la chica, convertirá en su amante. Ana, herida por el rechazo del rey, se tomará este hecho como una afrenta personal de su hermana y comenzará a alimentar un rencor que irá creciendo con los hechos que vayan sucediéndose.
    Chadwick, novato en estas lides, no puede negar que todo su pasado ha estado ligado al medio televisivo. El ritmo y la planificación de las imágenes dan toda la impresión de que el filme está más pensado (aunque sea inconscientemente) para convertirse en un telefilme de lujo (con un reparto repleto de nombres conocidos y numerosos decorados) que en una película de cine. Ello le da a la cinta un cierto aire artificial, que no termina de convencer del todo.

    El director (el título es evidente en este sentido) se centra en la relación entre las dos hermanas entre sí, más que en la de ellas con Enrique VIII, el rey que cambió para siempre la faz de Inglaterra, al romper todos los lazos con Roma, creando su propia iglesia (para poder romper su matrimonio con Catalina de Aragón y casarse con Ana Bolena).

    Es precisamente este personaje (interpretado por la siempre solvente Natalie Portman, la dueña de todo el cotarro, por encima de una Scarlett Johansson que hace lo que puede y de un Eric Bana que hace más bien poco) el que vertebra la historia (aunque el título haga referencia a la otra hermana, prácticamente una desconocida para casi todo el mundo hasta que se publicó la novela en la que se basa el guión), y en torno al cual se mueven todos los personajes y (casi) todos los hechos que nos cuentan.

    Hay en la película un plano significativo, y en cierto modo premonitorio: cuando el duque de Norfolk le explica a Ana que quiere que seduzca al rey y se convierta en su amante. Ella parece dudar, pero entonces una sonrisa aparece en su rostro, y, justo en el momento en que acepta, su rostro queda oculto por una sombra. Posiblemente sea casual, pero es (curiosamente) la más clara premonición de lo que se nos avecina, una mujer con ansias de poder, mucho rencor y capaz de pasar por encima de quien sea para lograr su sueño.

     

  • ¿Qué, si no?

    1000010000

    Después de la ‘trilogía de la destrucción’, formada por sus tres anteriores películas (Independence day, Godzilla y El día de mañana), el alemán Roland Emmerich estrena su nueva propuesta, un proyecto que llevaba años deseando sacar adelante y que, como es habitual en él, es una propuesta megalítica, gigantesca y mucho más preocupada del espectáculo, de la pirotecnia visual que de la verosimilitud, la credibilidad o la coherencia historica.

    Estados Unidos-Nueva Zelanda, 2008. (109')
    Título original: 10,000 B.C.
    Director: Roland Emmerich.
    Producción: Roland Emmerich, Michael Wimer, Mark Gordon.
    Guión: Roland Emmerich, Harald Kloser.
    Fotografía: Ueli Steiger.
    Música: Harald Kloser, Thomas Wander.
    Montaje: Alexander Berner.
    Intérpretes: Steven Strait (D’Leh), Camilla Belle (Evolet), Cliff Curtis (Tic’Tic), Joel Virgel (Nakudu), Affif Ben Badra (Brujo), Mo Zinal (Ka’Ren), Nathanael Baring (Baku), Mona Hammond (Vieja Madre), Marco Khan (Un Ojo), Reece Ritchie (Moha), Joel Fry (Lu’kibu), Kristian Beazley (Padre de D’Leh), Junior Oliphant (Tudu)

    La historia se sitúa en el año 10000 antes de Cristo. D’Leh vive con su tribu, cazadores de mamuts, en los últimos días de la era glacial. Está enamorado de la bella Evolet, la niña de los ojos azules, que fue rescatada después de que su tribu fuese masacrada por los demonios de cuatro patas, siendo ella la única superviviente. Pero un día los ‘demonios’ llegan a su aldea y se llevan a muchos de los suyos, entre ellos a Evolet. D’Leh deberá partir en su busca para rescatarla y atravesar lejanos territorios y enfrentarse a variados peligros.

    Sin andarnos por las ramas y por ir directamente al grano, la película es mala, muy mala. Y únicamente unos cuantos efectos especiales muy caros y ciertamente espectaculares no son suficientes para que la cosa cambie. La historia es simplísima y mil veces vista: chico conoce a chica, se enamoran, algo imprevisto les separa (en esta ocasión, los ‘malos’ la secuestran) y él debe luchar contra mil imprevistos por recuperarla. Eso es todo. No es necesario que desvele el final de la relación, porque ya es por todos conocido.

    Poco importa que los actores hablen en inglés (y no utilicen una lengua ‘autóctona’ como en el caso del Apocalypto de Mel Gibson), o que los intérpretes no pierdan ni un ápice de su glamour (con peinados, afeitados y depilados perfectos), pese a vestir con pieles y vivir hace más de doce mil años. En este sentido destaca una bellísima Camilla Belle, actriz veinteañera que lleva en el cine desde que tenía nueve meses, pero que es más conocida por el anuncio en el que prefiere un café al autógrafo de George Clooney.

    Lo que importa es que no hay una trama que merezca la pena y la coherencia histórica brilla por su ausencia. Cierto que Emmerich opina que eso no es lo importante, pero uno no puede dejar de echarse las manos a la cabeza ante la cantidad de despropósitos que se van acumulando a cada minuto (preparense para un destripado de la película): los demonios de cuatro patas no son más que una tribu de guerreros enmascarados a caballo (?) –se llegan a ver algunas monturas y bridas (?)–, que van armados de rústicos sables (??) y que secuestran a tribus rivales para venderlos como esclavos en el antiguo Egipto, donde se están edificando las pirámides (???)… Y uno de los clanes que se unen al héroe son agricultores (???). Todo ello, ocurriendo miles de años antes de lo que debería.

    Si se esperaban una buena historia, coherente, divertida, emocionante, espectacular… Olvídense de ello. 10000 es aburrida, simple, plana, mal dirigida, mal interpretada, previsible, absurda, sin un ápice de emoción o interés. Claro que cuando sabemos que quien esta detrás es el creador de cosas como Godzilla, Independence day o Soldado universal, uno ya debería saber a lo que atenerse y decir, como Clooney en el anuncio del café, “¿Qué, si no?”.

  • Una gran historia de amor

    Imagen del filmeMONSTRUOSO

    Por fin llegó una de las películas más esperadas del año. La cinta que se rodó el pasado 2007 en el mayor de los secretismos y que ha levantado multitud de comentarios en otras trantas webs, debido sobre todo a los varios fragmentos y trailers que se han ido haciendo públicos y en los que apenas se dejaba ver nada. Pero el hecho de que detrás del proyecto estuviese el nombre de J.J. Abrams (creador de las series Alias y Perdidos y director de la que sin duda es la mejor entrega de la saga Misión: Imposible -la tercera-) era ya más que suficiente como para que se esperara de la cinta lo que finalmente ofrece: espectacularidad y talento. 

    Estados Unidos, 2007. (85’)
    Título original: Cloverfield.
    Director: Matt Reeves.
    Producción: J.J. Abrams, Bryan Burk.
    Guión: Drew Goddard.
    Fotografia: Michael Bonvillain.
    Montaje: Kevin Stitt.
    Intérpretes: Lizzy Caplan (Marlena Diamond), Jessica Lucas (Lily Ford), T.J. Miller (Hud Platt), Michael Stahl-David (Rob Hawkins), Mike Vogel (Jason Hawkins), Odette Yustman (Beth McIntyre), Margot Farley (Jenn), Theo Rossi (Antonio), Brian Klugman (Charlie), Liza Lapira (Heather), Lili Mirojmick (Lei), Ben Feldman (Travis).

    El título original (Cloverfield) hace referencia a un programa del gobierno de los Estados Unidos, dedicado a la investigación de las hechos ocurridos (y sus causas) en la destrucción de la ciudad de Nueva York y lo que vemos es la grabación realizada en una cámara digital de los hechos acaecidos, encontradas “en la zona anteriormente conocida como Central Park”.
     Los amigos de Rob están dándole una fiesta de despedida antes de que se traslade a trabajar a Japón y Hud lo graba todo en una cinta para que el homenajeado pueda llevárselo como recuerdo. Mientras todos disfrutan de la fiesta una sacudida hace temblar todo el edificio. En las noticias hablan de un terremoto y todos acuden a la terraza para evaluar los daños cuando a lo lejos ven una enorme explosión que destruye un rascacielos. La confusión y preocupación de un principio se convierte en pánico y todos se precipitan a la calle. Allí todo el mundo corre desesperado y se oye un terrible rugido de dimensiones sobrehumanas. Rob y sus amigos descubren que algo se ha apoderado de la ciudad y emprenden una desesperada huida hacia la salvación, sin saber de qué huyen, ni hacia dónde ir.
    El trabajo promocional a través de Internet a lo largo de los últimos meses ha sido soberbio y la expectación creada, enorme. La película podría verse como una mezcla entre Godzilla y El proyecto de la bruja de Blair, pero en realidad es algo completamente distinto. Cierto que hay un monstruo gigantesco destruyendo una gran ciudad, y que todo está grabado cámara en mano, pero aquí sí vemos lo que ocurre (no como en el segundo filme nombrado) y se nota que los autores se han inspirado más en los atentados del 11 de septiembre (los edificios derrumbándose, el polvo y la gente en las calles, asustada, petrificada por el terror) que en la primera.
    Además, el monstruo no es más que un telón de fondo que oculta el verdadero eje que vertebra el argumento: las relaciones humanas en momentos de grave crisis. En este sentido, la historia puede leerse, porque así está concebida, como una película de amor, de cómo los protagonistas se buscan y luchan por encontrarse, cuando todo, absolutamente todo, a su alrededor se está desmoronando.
    El hecho de rodar la cinta como si fuese una cámara doméstica ayuda a mostrar esos aspectos más intimistas de la historia y le ofrecen mayor realismo. Lo mismo que utilizar intérpretes semidesconocidos. La película contiene además imágenes (que ayudan y dan mayor emotividad) de una cita previa entre los protagonistas, grabadas en ‘la misma cinta’ utilizada para la fiesta y que sólo vemos cuando se interrumpe la grabación, ‘cuando se pulsa el botón de stop’.
    (Casi) nunca un título ha hecho tanto honor a una película. La última creación de Abrams (aunque dirigida por su amigo de siempre Matt Reeves) es sencillamente ‘monstruosa’.

     

  • Nada tras la cortina de humo

    Los crímenes de OxfordLOS CRÍMENES DE OXFORD

    Puede que sea casualidad, pero no por ello deja de ser menos cierto que cada vez que Álex de la Iglesia se ha decidido a rodar en inglés (esta es la segunda vez, tras aquella olvidable Perdita Durango) ha perdido bastante (por no decir todo) de ese encanto (sé que no es la palabra más acertada para definirlo, pero ustedes me entienden…) que tan bien le ha funcionado en sus otras películas, especialmente en las magníficas El día de la bestia y La comunidad, y también, aunque en menor grado, en 800 balas, Muertos de risa o Crimen ferpecto.
     

    España-Reino Unido-Francia, 2008. (110’)
    Título original: The Oxford murders.
    Director: Alex de la Iglesia.
    Producción: Mariela Besuievski, Gerardo Herrero, Álex de la Iglesia.
    Guión: Jorge Guerricaechevarría y Álex de la Iglesia, basado en la novela de Guillermo Martínez.
    Fotografia: Kiko de la Rica.
    Música: Roque Baños.
    Montaje: Alejandro Lázaro y Cristina Pastor
    Intérpretes: John Hurt (Arthur Seldom), Elijah Wood (Martin), Leonor Watling (Lorna), Julie Cox (Beth), Burn Gorman (Podorov), Anna Massey (Sra Eagleton), Jim Carter (Inspector Petersen), Alan David (Sr. Higgins), Dominique Pinon (Padre niña enferma), Ian East (Howard Green), Alex Cox (Kalman), Danny Sapani (Scott), Martin Nigel Davey (Profesor Wilkes).

    En todas ellas había un humor que, en ocasiones, rozaba el esperpento, con personajes mundanos, muy ‘freakies’, pero llenos de humanidad, con los que el espectador llegaba a identificarse en muchas ocasiones. Aquí no hay nada de eso. De la Iglesia se ha querido poner serio, y lo que es peor, intelectual, y el resultado deja bastante que desear.
    Una anciana aparece asesinada en su domicilio, a las afueras de Oxford. El cadáver es encontrado por dos hombres que poco antes han tenido un leve encontronazo: Arthur Seldom, prestigioso profesor de Lógica, y Martin, un estudiante americano que ha llegado a la ciudad con la intención de que el profesor dirija su tesis. Además, ambos tenían relación con la asesinada: Arthur es un viejo amigo y conducía el coche en cuyo accidente, años atrás, falleció el marido de la señora y ella quedó impedida; y el joven se aloja en la casa durante su estancia en la ciudad. 

    Pero la muerte de la señora no es más que la primera de una serie de asesinatos con el punto en común de que son crímenes imperceptibles, que podrían pasar como muertes naturales, de no ser porque cada uno de ellos va acompañado de un mensaje, un símbolo que forma parte de una serie lógica que los protagonistas deben descubrir para poder solucionar el caso.
    Los crímenes de Oxford es una película aburrida, tediosa, y que no cuenta prácticamente nada. El caso no se resolvería (como intentan convencernos) al conocer cuál es el siguiente símbolo, porque, en ese caso, seguiríamos sin saber quién va a ser la siguiente víctima, y sobre todo, quien es el asesino.

    A lo largo de la película se nos van abriendo muchas puertas, muchas posibilidades para resolver el caso, para al final llegar a la conclusión más banal: no es que la posibilidad correcta sea la más simple (que ya sería despreciable), sino que ni siquiera hay caso que resolver, y todo se desvanece en una cortina de humo.

    Los personajes no tienen apenas entidad, y son los de las dos chicas los que tienen más enjundia. Los dos protagonistas masculinos, sobre todo el de Martin, son absurdos: ¿cómo se puede pretender ‘conquistar’ intelectualmente a un prestigioso profesor con esa pregunta tan ridícula y tan mema?

     Lo mejor de la película, ese plano secuencia falso en el que los personajes se cruzan, víctimas del azar, y ese final, ese encuentro en un museo lleno de falsificaciones, en el que hay una transferencia de culpa, cuya única explicación posible (no encuentro otra) es quedarse con la chica (no es para menos, ya que ella no es ni más ni menos que la sensual Leonor Watling). Jamás ha habido caso, casi ni crímenes, jamás ha habido serie lógica que investigar ni asesino que buscar, lo único, una lucha de dos mentes (supuestamente) privilegiadas para eliminarse mutuamente en la carrera por conquistar a la mujer que ha conquistado a ambos.

     

  • Segundas partes nunca fueron buenas

    mortadeloMortadelo y Filemón. Misión: salvar la tierra

    Los negativos resultados del cine español el pasado 2007 (con una significativa bajada tanto en el número de espectadores como en la recaudación, afortunadamente -ya saben, mal de muchos…-, no sólo para el cine de nuestro país) encendieron todas las alarmas en la industria fílmica patria. 

    España, 2008. (111’)
    Director: Miguel Bardem.
    Producción: Paloma Molina.
    Guión: Carlos Martín, Juan V. Pozuelo, Miguel Bardem, basado en los personajes de Francisco Ibáñez.
    Fotografía: Unax Mendía.
    Montaje: Iván Aledo.
    Intérpretes: Eduard Soto (Mortadelo), Pepe Viyuela (Filemón), Berta Ojea (Ofelia), Mariano Venancio (Super), Janfri Topera (Bacterio), Carlos Santos (Botijola), Alex O’Dogherty (Todoquisque), Emilio Gavira (Rompetechos), Tomás Pozzi (Chulín), Andrés Gasch (Matraca), Carmen Ruiz (Toribia), Esther Galán (Secretaria bombón), Pablo Pinedo (Olegario), Cecilia Freire (Corresponsal TV)

    Para intentar la recuperación el 2008 comenzaba con dos cintas españolas que, en teoría, iban a levantar el vuelo con dos grandes taquillazos (y después, a verlas venir y a esperar un golpe de suerte). La primera fue la semana pasada, Los crímenes de Oxford, y la segunda, ésta, con la nueva entrega de los míticos personajes Mortadelo y Filemón. En principio ambas serán éxitos de taquilla, con lo que se conseguirá lo que se pretende. Pero si hablamos de calidad cinematográfica, la cosa cambia, ya que ambas dejan bastante que desear, tanto la de de la Iglesia (de la que ya hablamos) como esta.

    Mientras el planeta sufre la peor sequía de la historia, el malvado Botijola pretende hacerse con toda el agua del planeta para que la humanidad al completo beba su producto. Los mejores agentes del mundo se reúnen para intentar acabar con el problema, pero es Botijola el que acaba con ellos. Por ese motivo, la JONU se ve obligada a contactar con la TIA, para que ésta les envíe a sus mejores agentes que no son otros que Mortadelo y Filemón. Para ello, el Super deberá lograr reunirlos después de que ambos se pelearan, tiempo atrás, por motivos familiares.

    Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, y aunque a veces surgen excepciones que rompen la regla, esta no es una de ellas. La película, que además de cambiar el actor que interpreta a Mortadelo (en vez del desconocido Benito Pocino ahora es el popular Eduard Soto, o sea, el televisivo ‘Neng’ de Castefa) cambia también de director (pasando de Javier Fesser a Miguel Bardem), es flojita, muy flojita.

    Esta segunda parte es mucho más fiel al original que la primera, en lo que a esos detalles que están en segundo plano se refiere. Cada viñeta del cómic estaba repleta de estos detalles, de estos guiños (un platillo volante parado en un semáforo, algunos carteles de comercios o publicitarios, etc.). Pero en lo que a humor se refiere, la historia no tiene la más mínima gracia. Únicamente cada aparición de ese maestro de la comedia que es Alex O’Dogherty levanta el nivel de la cinta.

    El argumento es muy flojo, el humor prácticamente inexistente, las interpretaciones de escasa calidad, los efectos especiales (presentes casi en cada plano) muestran ‘los hilos’ en muchas ocasiones (o sea, que se notan).

    Mal vamos con películas así. Pero si nos conformamos con la taquilla, a ver cómo acaba esto.

  • Bizarro triángulo amoroso

    Fotograma de la pelícual ExpiaciónEXPIACIÓN 

    Ganadora de dos Globos de Oro hace apenas un par de días (los de mejor película dramática y mejor banda sonora, que no es poco), Expiación -jamás entenderé esa costumbre tan hispana de añadir un subtítulo explicativo, ausente en el original, para la versión doblada- se perfila como una de las favoritas para los próximos Oscar, cuya gala también corre peligro (si el conflicto de los guionistas continúa sin arreglarse para entonces). 

    Reino Unido, 2007. (130’)
    Título original: Atonement.
    Director: Joe Wright.
    Producción: Tim Bevan, Eric Fellner, Paul Webster.
    Guión: Christopher Hampton, basado en la novela de Ian McEwan.
    Fotografia: Seamus McGarvey.
    Música: Dario Marianelli.
    Montaje: Paul Tothill.
    Intérpretes: James McAvoy (Robbie Turner), Keira Knightley (Cecilia Tallis), Saoirse Ronan (Briony Tallis, 13 años), Romola Garai (Briony, 18 años), Brenda Blethyn (Grace Turner), Juno Temple (Lola Quincey), Harriet Walter (Emily Tallis), Felix von Simson (Pierrot), Charlie von Simson (Jackson), Patrick Kennedy (Leon Tallis), Benedict Cumberbatch (Paul Marshall), Gina McKee (Hermana Drummond), Vanessa Redgrave (Briony anciana).

    Basada en la exitosa novela homónima de Ian McEwan, Expiación, más allá de la pasión nos cuenta los entresijos de un extraño ‘triángulo amoroso’ entre dos hermanas y el mismo hombre, con la novedad (ausente en otros ejemplos del mismo asunto) de que una de las chicas tiene trece años, y él es el hijo del ama de llaves de la acomodada familia a la que ambas pertenecen.

    La historia comienza en un caluroso día de verano de 1935, en Inglaterra. La familia Tallis prepara una fiesta en su mansión victoriana para celebrar la llegada de Leon, uno de los hijos de la familia. El opresivo calor y el surgimiento de emociones y sentimientos que hasta entonces habían estado reprimidos crean una sensación de peligro. De hecho, una serie de catastróficas casualidades y malentendidos llevan a Briony, la hija pequeña de la familia, una chica con una imaginación desbordante y que quiere ser escritora, a acusar a Robbie (el hijo del ama de llaves y amante de su hermana Cecilia) de un delito que no ha cometido.
    Expiación está estructurada en tres actos, tomando como eje central y articulatorio de la trama al personaje de Briony. El primero es apabullante, y es el que consigue atrapar al espectador. La fuerza de las imágenes, del montaje (enfrentando dos versiones de los mismos hechos, hasta en tres situaciones distintas), y utilizando la magnífica partitura de Dario Marianelli, que se apoya en los sonidos reales de las imágenes (máquinas de escribir, golpes a un coche…) como elementos de sus melodías, es la que marca el ritmo y da las pautas de calidad que tiene la película. La segunda parte, el paréntesis de la guerra, baja un poco el nivel, y en ocasiones (pese a tener las imágenes más portentosas y, quizás, las estéticamente más logradas) la historia se hace pesada. Es en el tercer y último acto, desde que los tres vértices del triángulo se reencuentran, cuando todo el interés vuelve y la historia retoma toda la fuerza del comienzo.

    Esta es la segunda película de Joe Wright, y pese a ser un ‘recién llegado’ está haciéndose un hueco y empezando a ser reconocido por la crítica especializada, con esta Expiación y su primera obra (Orgullo y prejuicio), en la que también le dio el papel principal a Keira Knightley,  quien le debe gran parte del prestigio que está adquiriendo a las dos cintas de Wright, que son precisamente (junto a Quiero ser como Beckham) las que le han dado los premios más prestigiosos que ha recibido y las que la han llevado a estar nominada a dos Globos de Oro y a -de momento- un Oscar.

    Pero no es Keira la actriz que más brilla, sino la jovencísima Saoirse Ronan la que verdaderamente sorprende, y la única intérprete que ha recibido algún premio por esta cinta, y eso que el reparto tiene grandes nombres. Es ella la que marca el ritmo y la intensidad de los actos, en un filme que, salvo algunos breves momentos de bajón, tiene todos los ingredientes para estar presente entre las candidatas a los próximos Oscar, si es que finalmente se celebran.

  • La familia es lo que tiene…

    peliVIAJE A DARJEELING

    Wes Anderson es uno de los cineastas más originales e innovadores de la ‘nueva’ hornada de realizadores americanos. Solo comparable a los más extraños aún Spike Jonze (Cómo ser John Malkovich y El ladrón de orquídeas) o Michel Gondry (¡Olvídate de mí! y La ciencia del sueño). Eso es innegable para los que hayan visto sus filmes (los más recientes son Life Aquatic y Los Tenenbaums), en los que suele contar con un grupo de incondicionales colaboradores, entre los que no faltan Owen Wilson, Bill Murray, Anjelica Huston y Jason Schwartzman, que también están presentes, en mayor o menor medida, en esta entretenida y algo melancólica Viaje a Darjeeling.

    Estados Unidos, 2007. (91’)
    Título original: The Darjeeling Limited.
    Director: Wes Anderson.
    Producción: Wes Anderson, Roman Coppola, Lydia Dean Pilcher, Scott Rudin.
    Guión: Wes Anderson, Roman Coppola, Jason Schwartzman.
    Fotografia: Robert D. Yeoman.
    Montaje: Andrew Weisblum.
    Intérpretes: Owen Wilson (Francis Whitman), Adrien Brody (Peter Whitman), Jason Schwartzman (Jack Whitman), Amara Karan (Rita), Wallace Wolodarsky (Brendan), Waris Ahluwalia (Jefe de Servicio del tren), Irfan Khan (Padre en el pueblo), Barbet Schroeder (Mecánico), Camilla Rutherford (Alice), Bill Murray (Hombre de negocios), Anjelica Huston (Hermana Patricia Whitman), Natalie Portman (Ex-novia de Jack).

    Tres hermanos americanos se reúnen en un tren que recorre la India, en un viaje organizado por uno de ellos a través da las áridas llanuras del Rajastán, a bordo del Darjeeling Limited, un tren que atraviesa . Los tres no se han visto desde que un año atrás coincidieran en el funeral de su padre. La intención del viaje es reiniciar su relación como hermanos, aunque antes deberán encontrarse y conocerse a sí mismos. Pero los planes no salen como estaban previstos y, de pronto, se encuentran perdidos en medio del desierto, con 11 maletas a cuestas, y deben comenzar un viaje que no estaba en los planes.

    Viaje a Darjeeling, que se inicia con el corto Hotel Chevalier, ubicado en Paris un año antes de la historia que se cuenta en la película, y que narra el encuentro ‘casual’ de Jack (uno de los hermanos) con su ex-novia, sirve para explicar el carácter y la actitud reservada del personaje durante la película. El corto se ha vendido con la noticia (falsa, por cierto) de que incluye el primer desnudo en la carrera de Natalie Portman (algo parecido a lo que podemos ver aquí lo vimos ya en otra de sus cintas, Closer, recientemente de gira por teatros de toda España).
    Anderson repite aquí temas ya tratados, sus filmes pueden verse como relatos de familias estrambóticas (cuanto menos), nos hablan de la soledad en compañía, de secretos que no se cuentan (o no se quieren contar, por algo son secretos), y utiliza para ello su ya habitual estética puntillosa, dedicando tiempo hasta al más mínimo detalle (a Jack, en el tren, le vemos utilizar un albornoz robado en el Hotel en que se reencontró con su ex, por poner sólo un ejemplo) y numerosos temas de música indie (mismo recurso que utiliza Sofia Coppola, miembro también de la misma ‘pandilla’ y colaboradora ‘en la sombra’ del realizador).

    Emotiva y divertida a un tiempo, Viaje a Darjeeling requiere de una segunda e incluso una tercera vision para captar todos sus numerosísimos matices.